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1 d’octubre de 2015

BARCINO COLONIA ROMANA, DE LUIS CONDE MORAGUES, CAPITULO Nº 16º, A LA BARCELONA D' ABANS, D' AVUI I DE SEMPRE...1-10-2015...!!!


Las fechas de construcción de los acueductos.

 La hipótesis más aceptada hasta ahora (Beltrán de Heredia et al, 2001) era que ambos acueductos fueron construidos en la misma época. Y lo poco que se conserva de sus arcadas y pilares da esta impresión, ya que son exteriormente muy parecidos. Sin embargo las secciones de los canales interiores, visibles en el interior de la Casa del Arcediano, son bien diferentes, posiblemente adaptándose a un flujo más rápido y más escaso en el acueducto de poniente (figura III-6). Este canal está a unos 15 cms más bajo que el de levante o del Besós. También es parecido el tamaño escogido para los bloques de piedra usados en el opus certum de los dos pilares empotrados en la muralla. Aunque solo conocemos un pilar de cada acueducto y no son iguales (figura III-1). Los bloques de piedra de los pilares en la calle Capellans (acueducto de levante o del Besós) son del tamaño de los del pilar correspondiente, empotrado en la muralla (comparar lamina III-1 con III- 3 y III-4) y más grandes que los del pilar que resta del acueducto de poniente o de Collserola, empotrado más a poniente (derecha de la foto), en el muro de la torre de la muralla. Da la impresión que uno de los acueductos se construyó imitando la estética del primero. Tenemos fechas para la construcción de dos acueductos en Barcino. La primera siendo emperador Claudio y la otra sería algo antes del año 125. Admitiendo imprecisiones en estas fechas, tendríamos un intervalo de hasta 80 años entre la construcción de un u otro acueducto. 


De no ser alguno de estos acueductos conocidos el construido por Lucius Minicius en el 125 d.C., debiéramos encontrar arqueológicamente algún día un tercer acueducto alcanzando al recinto amurallado de Barcino, lo que no parece probable.


Sería posible que Lucius Minicius no construyera todo el acueducto, desde Montcada a las Termas. Sino que construyese o modificase solo el tramo final, hasta sus Termas. Faventia-Barcino construye sus primeras murallas alrededor de año 14 a.C. Antes de la primera traída de aguas, hubiese sido normal que las casas tomaran el agua de pozos urbanos, como se hacía en tantas pequeñas poblaciones mediterráneas, hasta hace poco. El año 41 d.C., - reinando Claudio - y siendo Barcino todavía un parvum oppidum, como dice Pomponius Mela en De Chorographia, (+/- 40 d.C.) -, su población, su economía, sus necesidades y sus recursos serían muy limitados. Entonces, el pragmatismo y la eficacia romana obligarían a que se construyese inicialmente un suministro de agua modesto, adecuado a un consumo doméstico todavía escaso y a las termas del puerto, aprovechando la experiencia de Roma, de Baetulo y de tantas otras ciudades del imperio (ver en de la Peña, 2010). De esta forma, en la época de Claudio (41 - 54 d.C.) (AAVV, 2004; Miró, Orengo, 2010; 112, Miró, 2010, 147-164), sería de esperar que se construyese primero el acueducto de poniente. Pudo ser de escasa longitud y poco costo, aunque de poca capacidad. En aquel momento no se podía anticipar el gran futuro de Faventia-Barcino. Razonablemente, más tarde, si se construyó un segundo acueducto era porque, de alguna forma, un solo acueducto no cumplía con las necesidades de la ciudad.



 Es el mismo Claudio el que impulsa por primera vez a los ciudadanos romanos a colonizar y desarrollar comercialmente el Imperio. No mucho después Plinius en su Naturalis Historia (77 d.C.) ya habla, con énfasis, de Barcino como un oppidum civium romanorum. Y Lucius Minicius, que nace en Barcino en el año 96, es hijo de un senador (de origen plebeyo). En pocas generaciones, a lo largo del siglo I d.C., es perceptible quela ciudad ha dado un vuelco considerable en población y riqueza. Tras estos años, - dado el evidente crecimiento demográfico de la ciudad y de su consumo.- las fuentes de un primer acueducto modesto (en la montaña o en el Pla de Barcelona) serían ya insuficientes. Especialmente el consumo de agua aumentaría notablemente al construirse en la plaza de San Miguel las termas donadas por Lucius Minicius (las segundas). Es en la plaza de San Miguel, donde se encontró su inscripción, que relaciona la construcción de las termas y del acueducto. Sería muy lógico que fuese entonces, a principios del siglo II d. C., cuando Lucius Minicius completase (¿E iniciase?) el acueducto del Besós de mucha más capacidad. Era mucho más largo y debió ser costoso. Sería también muy lógico que el nuevo acueducto se adosase y conectase con el anterior para así aprovechar la red de distribución intra-muros preexistente. Y es también muy probable que una buena parte de su aportación se aprovechase extra-muros, ya que la población intra-muros no podía ser muy alta. Esta casuística y esta cronología pudieran explicar la peculiar situación de estos dos acueductos tan próximos. Es simplemente inevitable que el acueducto de más capacidad de Barcino fuese el último, tanto más cuando el primero era de capacidad tan limitada. Es visible que al llegar el agua del acueducto de levante, no se destruyeron todas arcadas del acueducto de poniente, Pero no sabemos si siguió operando. Aunque realmente no existían documentos o huellas arqueológicas que lo justifiquen, se había interpretado siempre que el acueducto más antiguo había sido el procedente de levante.



 El Rec Comptal era bien conocido. El acueducto de poniente se interpretaba como un suplemento posterior, un regalo tardío de un donante generoso – evergetista - , para un empleo específico, las termas de Lucius Minicius. No podemos descartar por completo esta interpretación tradicional que se cree errónea. Y podemos buscar algunas razones verosímiles, - que no son muy fuertes -, que pudieran justificar esta otra secuencia cronológica. El acueducto de poniente no partía de la misma zona y ni del mismo tipo de captación de agua. Se extraía de manantiales una cantidad poco significativa de agua. Solo tendría sentido este caudal cuando el Besós podía fallar, en caso de alguna sequía estival extraordinaria. Y profundas
sequías estivales son un fenómeno muy frecuente en la costa española. Y en particular en este río. Conservar el viejo acueducto también permitiría interrumpir el otro periódicamente para realizar limpiezas y reparaciones. Una vez llegada el agua del Besós, el anterior acueducto de poniente pudo convertirse en una ramificación del sistema de suministro de agua.

 Pudo ser muy útil para alimentar los crecientes suburbios extra-muros al noroeste de la ciudad (Busquets, Espejo, Triay, Ravotto, Moreno, 2009) Incluso pudiera haber extraído y distribuido desde la piscina limaria agua aportada por el acueducto del Besós. Esto sería técnicamente muy fácil ya que su canal está un poco más bajo que el de levante.


 Un estudio reciente realizado por AGBAR, y publicado en la prensa diaria, en las circunstancias de la inusual sequía del año 2008 estimaba poder extraer y transportar por el Rec Comptal (restaurado) aguas subálveas del Besós a razón de 250 litros por segundo, que son 21.000 m3 día. Esto es ahora cuando el río Besos va prácticamente seco todo el año debido a la multitud de presas y azudes modernos en su recorrido, salvo cuando está lloviendo en su cuenca. Pero el hecho es que cuando se usaba intensamente el Rec Comptal, algunos siglos atrás, esta canalización sí se llenaba razonablemente. Es decir que se sacaban normalmente del Besós aguas superficiales algo por debajo de este valor de 250 litros por segundo (21.600 m3/día). Un caudal tan abundante está en línea con las fotografías antiguas de diversos tramos del recorrido, donde el Rec Comptal tiene unos metros de anchura. 



Sabemos que, a través del Rec Comptal, el Besós debía ser en el siglo XIII una corriente capaz de mover diversos molinos (de propiedad real) y dar agua a profusión de industrias y para regar (Orti, 2000). Es decir tenía casi siempre un caudal mucho mayor que las posibilidades de transporte sobre las arcadas del acueducto romano que hemos estimado. En un estudio sobre el suministro de agua a Barcelona en el Siglo XVII se cita a Francisco de Zamora que literalmente dice “La naturaleza irregular del río Besós obligaba a interrumpir el suministro de agua procedente de la acequia (el Rec Comptal), afectando a muchas de las actividades económicas de la ciudad, al normal funcionamiento de los molinos y al riego. Por el contrario (a veces) la excesiva abundancia de agua rompía la estructura de la canalización provocando desbordamientos” (Zamora, 1973). Font Tullot dice que entre los Siglos I a.C. y V d.C. se desarrolló un período de clima similar al actual, con temperaturas algo superiores y precipitaciones ligeramente inferiores, aunque tal vez más regulares. Período climático al que se conoce como “episodio cálido romano”. Y las sequías podrían ser tan frecuentes como ahora (Font Tullot, 1988).


Era normal que a lo largo del recorrido de los acueductos se les realizasen extracciones de agua por medio de tubos. Por medio de algunas extracciones a lo largo del trayecto de ambos acueductos, la combinación de ambos acueductos podría cubrir el suministro de agua a un área relativamente extensa, por gran parte del norte de la ciudad extra-muros. Otros suburbios cercanos, a cotas más bajas que el recinto amurallado, se suministraban con tubos a través de la muralla, que se han encontrado en excavaciones. En resumen, existiendo el abundante acueducto de levante, sería muy difícil justificar la construcción del otro acueducto. Pero si ya estaban construidos los dos no había razón para destruir el de poniente, podría tener alguna utilidad marginal. La conservación temporal del acueducto de poniente, una vez construido el del Besós queda sin duda como otra cuestión abierta. De hecho, doscientos años más tarde vemos que estaba amortizado. Al alcanzar la muralla al nivel de la canalización, esta aparece taponada. Es en este momento, a fines del siglo III, que gran parte de los suburbios extra-muros vecinos habrían desaparecido (Busquets, Pastor, 2005: 119.; Belmonte, 2008; Busquets, Espejo, Triay, Ravotto, Moreno, 2009; 138-139; Triay, 2012: 120). La incursión bárbara y los desordenes de fines del siglo III se reflejan en el suministro de agua a la ciudad. En Barcino intra-muros, se dispone de evidencia de las redes de desagüe romana y de parte de la red de distribución del agua bajo el suelo. No sorprendería entonces una explotación combinada de los dos acueductos distribuyendo agua por gran parte de la ciudad extra-muros. Todo sugiere que el primer acueducto fuese el procedente de poniente. La secuencia que se propone en el desarrollo del suministro de agua a Barcino, concuerda con las muy escasas citas documentales y permite jalonar la evolución demográfica de la ciudad en los siglos I a III d.C.



La calidad del agua de los acueductos

 Cuando Frontinus describe los acueductos de Roma señala que las aguas procedentes de corrientes superficiales eran turbias y arrastraban pequeñas cantidades de lodos. Mientras que las procedentes de manantiales o captaciones subterráneas eran preferidas, por ser cristalinas. La mayoría de las traídas de aguas romanas procedían de galerías de captación, no de presas o azudes en los ríos (de la Peña, 2010). Un segundo acueducto que procediera de manantiales, sería de baja capacidad. Y sería de escasa utilidad tras el caudaloso acueducto de levante (o del Besós). Orengo y Miró apoyan sus dudas sobre la existencia del acueducto de poniente (de Collserola) en la ausencia de incrustaciones calcáreas sobre las paredes del corto tramo del canal de tal acueducto de poniente, dentro de la torre en la casa del Ardiàca (Orengo, Miró, 2013). Se presenta, como una posible alternativa, que el acueducto del Besós o de levante, a su entrada en la actual plaza de la Catedral, se dividiera en dos ramas paralelas, que entraban bien juntas en la ciudad. Esta clase de divisiones, -de las que no faltan antecedentes -, se realizaban en Roma y su imperio, para dar un destino diferenciado a cada canal de agua. La división se efectuaría en un posible castellum divisorium, del cual no hay ninguna evidencia. En síntesis, según Orengo y Miró, tal segundo acueducto de poniente – o “de Collserola” - pudo no haber existido. Los restos de arcadas conocidas junto a la muralla serían solo de una rama del acueducto de levante. Hay documentos medievales sobre los manantiales en Collserola señalando que sus conductos debían limpiarse con frecuencia de costras (calcáreas). 

Es conocido que los acueductos se limpiaban periódicamente de los inevitables arrastres de tierra o arenas sedimentarias, fuese desde un manantial o desde una presa. Pero la formación de costras, depósitos e incrustaciones viene condicionada por diversos factores y es en general poco predecible. Muy especialmente, la falta de incrustaciones en los metros finales de un largo canal abierto al aire, no permite llegar a conclusiones firmes sobre el origen del acueducto de poniente. En términos muy generales las aguas subterráneas están en equilibrio con un ambiente edáfico. Es al emerger y ponerse en contacto con el aire que deben adaptarse a nuevas condiciones y reequilibrarse. Y este reequilibrio conduce en muchas ocasiones a incrustaciones. Pero no es una propiedad intrínseca y perdurable. Solo afecta a la salida del manantial o de unos tubos. En un recorrido al aire, al cabo de metros, a veces muchos metros, el agua ya ha depositado sus sales y no podrá incrustar a las paredes de la canalización.
Carbonatos y bicarbonatos de calcio Los bicarbonatos proceden de la formación de gas carbónico por las fermentaciones anaeróbicas subterráneas. Lentamente, este gas disuelve la cal presente en el suelo formando bicarbonatos. Los bicarbonatos de calcio y estroncio son solubles pero serán inestables al abandonar el suelo. Al surgir del manantial, en contacto con el aire, se perderá gas carbónico y el carbonato de calcio remanente ya no es soluble. Esta disolución deja de ser estable, Regresando a la estabilidad, los carbonatos formarán lodos o incrustaciones, siempre que se den condiciones favorables, tiempo, agitación, ventilación y una superficie que favorezca la nucleación o aglomeración de las sales. En canales abiertos al aire, con paredes revestidas de opus signinum en un acueducto, se dan las mejores condiciones para que el agua recupere su estabilidad muy rápidamente. Tras recorrer el agua un trayecto muy largo de flujo turbulento, en canalizaciones abiertas al aire, con paredes de esta argamasa, lo más probable es que el agua perdiera los bicarbonatos inestables con rapidez. Al cabo de una cierta distancia, en un canal abierto al aire, el agua ya es como si fuera procedente de un río. Casi todos los ríos empiezan en manantiales y aireando su corriente han estabilizado sus aguas. En acueductos, algunas costras nunca serían una dificultad para el flujo y no serían mencionadas. Los depósitos en los manantiales de Collserola medievales, probablemente se refieren a tubos o a la zona más cercana al manantial. Quizás incluso, tras el año 125, en lo que sería su última etapa, este canal de poniente pudo ser aprovechado para tomar agua del acueducto del Besós, desde la piscina limaria común intra-muros, para alimentar los suburbios extra-muros.




No se podido evidenciar que existiera un destino diferente para el caudal del tramo intra-muros de la imaginaria rama poniente del acueducto dividido que se postula (Orengo, 2013). La arqueología y los testimonios de viajeros y arqueólogos nos enseñan, que por la calle dels Arcs, transcurría un acueducto romano hacia la zona del paseo de Gracia. Este fue taponado en el siglo IV. Extra-muros de Barcino, estas arcadas dels Arcs discurrían bien separadas de las del acueducto de poniente o del Besós en la calle de Capellans. Dentro de las incertidumbres por la escasez de restos, lo más probable es que el acueducto de poniente existiese realmente y fuese el primer acueducto de la ciudad.



http://www.todostuslibros.com/libros/barcino_978-84-943862-1-3 



©Luis Conde Moragues. Todos los derechos reservados.
Barcelona, B-6416-09; B-3449-14
Depósito legal: B 11865-2015
ISBN: 978-84-943862-1-3



Permiso del autor, palabras textuales:


Yo no tengo un interés económico sobre mis trabajos arqueológicos e históricos . Solo busco que mis hipótesis sobre nuestra ciudad lleven a acciones de las instituciones responsables. Adoro a esta ciudad. Puedes copiar y dar difusión a mis teorías. Más aún si puedes darles más audiencia.
El problema es que si bien yo he recibido mucho soporte, y creo que la evidencia es muy fuerte, esta es poco tangible.
Pero la silueta de la elipse esta allá desde hace 1700 años. Y probablemente estará muchos años más pidiendo una explicación.

Lo mejor es que las ideas (que critico) que se publican sobre la Barcelona romana no son creíbles ni se pueden soportar científicamente. Pero Barcino es un gran negocio para muchos profesionales.  Para estos, tu amigo es en realidad un estorbo, o peor aún un aficionado.

1 comentari:

Miquel ha dit...

Como siempre, muy interesante
salut