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19 de septiembre de 2015

BARCINO COLONIA ROMANA, DE LUIS CONDE MORAGUES, CAPITULO Nº 10º, A LA BARCELONA D' ABANS, D' AVUI I DE SEMPRE...19-09-2015...!!!

La campiña del Barcelonés en la época romana

La campiña romana (1639), óleo sobre lienzo, 101.6 x 135.9 cm, Metropolitan Museum, Nueva York.

Al fundarse Barcino en el siglo I a.C., todavía no ha concluido el lento relleno sedimentario post-glacial de las cuencas fluviales y entrantes de la costa Layetana, tendiendo a la creación de deltas.
Descendiendo desde Collserola, una buena cantidad de arroyos y rieras, estacionalmente secas, irrigaban el Barcelonés. Tal como actualmente, en el Barcelonés y en el Maresme riadas violentas e inundaciones en la llanura sedimentaria no eran raras, afectando seriamente los alrededores del Mons Taber situados en terrenos bajos, algunos recién robados al mar. Está situación durará hasta la construcción de las murallas medievales y a su extensión en el siglo XV. Las murallas han actuado siempre eficazmente como dique defensivo frente a bruscas y cortas inundaciones.
Según revelan los estudios arqueo-morfológicos y palinológicos de los sedimentos, Barcino estaba en un entorno boscoso y abrupto con campos de cereales intercalados en el llano de Barcelona. Con viñas y olivares en la cara sur de Montjüich y de la sierra de Collserola, donde las antiquísimas terrazas para los cultivos son todavía visibles (Palet, Riera, 1992: 133). El llano era notablemente fértil y estaba suficientemente irrigado. En la antigüedad la pluviosidad era similar a la actualidad, quizás algo más intensa (Font Tullot, 1988). Hay huellas claras de la parcelación de la llanura durante el siglo I a.C. siguiendo el modelo romano (centuriación). La llanura estaba dominada por los núcleos de población de Faventia, Barcino y Baetulo y multiples villas, algunas casi tan grandes como la propia Barcino. En las cumbres de la sierra de Collserola debían sobrevivir todavía aldeas de origen ibérico. El ganado ovino trashumante discurría por cañadas, que aún hoy son perceptibles en la sierra. El área estaría salpicada de pequeñas cabañas de campesinos y muy probablemente existían otros núcleos secundarios de población. De manera relativa, era una campiña muy poblada.
 Desde el Tarragonés hasta el Maresme y hasta el Ampurdán, en realidad en la mayor parte de las llanuras costeras catalanas, los cultivos y las poblaciones estaban ya intensamente romanizadas en época republicana (s. II y I a.C.). Ya hay claras evidencias de exportaciones de trigo (silos entorno a Montjüich) en épocas ibérica y republicana. Y posteriormente de masiva exportación de vino durante el Imperio (Martin, 2014)20. También se exportaban productos derivados de la pesca en cantidades crecientes, que llegarán a un máximo a fines de la época imperial. Palet y Riera describen con detalle la evolución del agro del Barcelonés en la antigüedad (Palet, Riera, 2009: 131- 140; en Aguelo et al., 2009).

También las redes viarias de época imperial y medieval reflejan los cambios geofísicos del entorno de Barcelona (Banks, 1984: 613; 1989: 113 y 116-123; 1992; 30 y 40; Palet, Riera, 1992; Riera, Palet, 1994: 517; Busquets i Costa et al., 2009: 124-141).
En Barcino, a partir de finales del siglo I d.C., durante la época imperial, la línea de la costa se habría consolidado ya poco más abajo de Sant Pau del Camp, en donde existía una arcaica barra arenosa fosilizada, a la salida del estuario de la Rambla. Mientras que por el lado de la Vía Layetana el mar ya no penetraría más allá de la plaza del Ángel (Riba, Colombo, 2009: 41, 83 y fig. 5; Juliá, Riera, 2014).

20 El Barcelonés, el Baix LLobregat el Maresme y el Valles son extraordinariamente ricos en restos de época romana de explotaciones auxiliares para la producción de vino. Naves con varias grandes prensas, junto a decenas de grandes dolias de almacenamiento. Alfarerías productoras de ánforas etc. Los autores de la época hablan de los vinos de la Layetania; en general como vinos muy baratos y de escasa calidad (Revilla, Martin Oliveras, 2014)..
  
El puerto en la antigüedad Las dos rieras a ambos lados del Mons Taber, Las Ramblas y la Vía Layetana actuales, habían formado en el siglo I a.C. unos pequeños estuarios, rodeados de pantanos, que se introducían en el interior del Barcelonés. Antes del siglo I a.C. hubieran proporcionado posibles zonas de embarque naturales, pero para naves de poco calado (Juliá, Riera, 2014). Posiblemente algún embarcadero, o algún muelle costero, fuese entonces la única obra necesaria para convertir una posible cala al final de Las Ramblas actuales, en un primitivo puerto natural. Más adelante, allá se forman extensos estanques poco profundos. Pero en los decenios siguientes, durante las Guerras Civiles o las campañas contra los cántabros y astures, tanto el importante tráfico en naves de carga de calado creciente, como la sedimentación y un posible descenso del nivel del mar, irán cambiando la situación. En la interpretación del devenir del puerto romano de Barcino que se expone, se completan y modifican las ideas de Izquierdo (1997: 13-21), con nuevos indicios y en relación con los recientes datos geomorfológicos de Riba y Colombo (2009), de Soberón (2010; 2012) de Juliá y Riera (2010; 2012; 2014).


 El puerto romano imperial cubre un intervalo de más de 400 años, en los cuales al parecer se produjeron serios cambios en el tráfico comercial y en la profundidad de algunas zonas de embarque. Y el tráfico tuvo entonces que adaptarse y evolucionar considerablemente. Por ello se difiere ligeramente de Izquierdo i Tugas en su conclusión final, que propone situar al puerto romano en las cercanías de la plaza del Duque de Medinaceli. Por un lado, se recuerda que inicialmente la actividad portuaria más cercana pudo estar concentrada en diversos puntos en la falda de Montjüich, llegando quizás hasta la salida de La Rambla. 

Mientras que parece que espontáneamente, en busca de aguas más profundas, la actividad del puerto se desplazaría unos 400 metros hacia levante, hasta llegar casi a la plaza de Antonio López. Soberón (2010) describe e interpreta los resultados de las intervenciones arqueológicas en el Pla del Palau (todavía más al norte de la plaza de Antonio López). Se evidencia una laguna abierta al mar y los restos de ánforas desgastadas por el oleaje en una playa sumergida. Es entonces segura la existencia de otra zona de embarque en las cercanías de la Estación de Francia, comunicada con la ciudad por una vía que seguía aproximadamente la calle Argentería actual. Sin embargo, según podemos deducir de la arqueología y de dibujos de los siglos XV y XVI, que comentaremos más adelante, el área de mayor actividad portuaria estaría al pie del Mons Taber durante siglos (figuras II-2 a II-4), enfrente del Portal del Mar medieval y de los restos de las Termas del puerto, extra-muros, a la salida del decumanus bajo la actual calle de Regomir.

Carrer Regomir.

Una tentativa de cronología de la evolución del puerto desde la antigüedad hasta el siglo XVI
Los siglos II y I a.C.


El río Besós era un entrante muy importante. Y sobre todo el Llobregat (Rubricatus), cuyo delta actual se extiende desde el sur de Montjüich hasta Castelldefels, donde se han hallado algunos restos portuarios. Pero ambos lugares ya serían entonces marismas, estanques o calas. 
TI. CLAVDIO. DRVSI. F. CAES.
AVGVSTO GERMANICO PONT
MAXIMO TRIB. POTESTATE VIII
IMP XVI COS PATRI PATRIlE
PRO CONSVLI
CII VIA AVGVSTA


A Tiberio Claudio, hijo de Druso, César, Augusto, Germánich, Pontífice Máximo, revestido de la potestad tribunicia por octava vez, emperador la Setzer, cónsul la cuarta, procónsul-Millas (1021) Vía Augusta.
Ello se podría relacionar hipotéticamente con un posible poblado ibero-romano en la montaña (Riera, Palet, 1994: 517). Y a este con Barkeno. Al pie de Montjüich, se han excavado una buena cantidad de grandes y antiguos silos subterráneos para grano.

Dibujo de Wyngaerde en 1563, vista de Barcelona, las Drassanes a la derch. y la doble muralla, la Romana y la Medieval,al pié de la montaña de Montjuïc la zona de cultivo que abastecía la ciudad .

Siglos antes, la zona del Port al poniente de la montaña (cerca de la plaza Cerdá) hubiera sido el embarcadero más importante, pero a principios de la era cristiana habría perdido relevancia. Esta experiencia portuaria en el lado suroeste de Montjüich afectado por los sedimentos del Rubricatus (Llobregat), ya debía estar presente cuando Roma dirigió su interés hacia el Mons Taber (Pallarés, 1975: 5-48).
Ello hace pensar que en época anterior a la fundación de Faventia sobre el Mons Taber, en los siglos II y I a.C., también la zona levante de Montjüich pudiera ser utilizada como un embarcadero natural para naves de escaso calado. Embarcadero que debía estar bien defendido del mar y del viento por quedar encajonado entre Montjüich y el Mons Taber (de unos 180 y 16 m de altura sobre el nivel del mar respectivamente). Pero no se dispone de confirmación arqueológica. El área inundada en la parte baja de Las Ramblas, pudiera haber llegado hasta las cercanías del emplazamiento actual de Sant Pau del Camp. Pero faltan sondeos estratigráficos en esta zona con datación por el carbono 


Como ya se ha apuntado al frente marino del Mons Taber estaba protegido del oleaje y los vientos de levante por unas barras arenosas (les Tasques), por Montjüich, el propio Mons Taber y el turó dels Falzies. El puerto de Barcino bien conectado con la vía Augusta, ofrecía un excelente refugio y anclaje (figura II-1). Era una zona rica en aguas dulces, lo que hacía la aguada fácil. Posiblemente era también frecuentado de antiguo21. El lugar sería todavía más atractivo porque se podía construir un campamento fácil de fortificar y protegido por defensas naturales. El Mons Taber tenía la posición y las dimensiones adecuadas para convertirse en una excelente fortaleza (de la cual no hay evidencia arqueológica). Como ya se ha observado anteriormente, a lo largo de la costa catalana, el conjunto de estas condiciones, solo las podía ofrecer el emplazamiento de Barcelona.


Puede proponerse que Barcino pudo ir creciendo, porque a fines del siglo I a.C., con una mínima inversión, pudo proteger de las tempestades (en particular de los vientos de levante) y descargar con eficacia ánforas, pesadas dolias, odres y barriles, de barcos con un calado de unos 4 metros o más, que se iban imponiendo durante la pax romana.

Ya que no existen sondeos marinos de la época, solo tenemos datos medievales y del siglo XIX que complementan los estudios geológicos modernos (de Bofarull, 1855: 175; García Sanz, 1977: 76). Todos ellos coinciden en señalar una buena profundidad muy cerca del Mons Taber y su estrecha playa.
Se debe, en alguna medida, correlacionar la profundidad del puerto en función de las embarcaciones que fondeaban. Una liburna, el caballo de batalla de la flota imperial del siglo I a.C., tenía unos 22 metros de eslora, una manga de cerca de 4,3 metros y un calado del orden de 1,5 metros. Con estas dimensiones no era un problema varar los barcos en una playa. Pero un birreme tenía unos 2,6 metros de calado y un trirreme se estima en unos 4-5 metros. Las embarcaciones de carga (naves redondas) eran por lo general de gran calado (Kreutz, 1973: 79-109; Meijer, 1978: 152, 159, 167-168; Turienzo, 2002). Era lógico esperar transportes de unos 30 metros de largo y hasta de unos 4 metros de calado.

No son raros 4 pisos de ánforas dispuestas verticalmente en la bodega de pecios romanos. Controlar el rumbo de una nave de tanto calado, sin timón tal como lo entendemos hoy y solo provista de un velamen arcaico, resulta poco comprensible para los navegantes a vela actuales. No les resulta creíble un largo trayecto a remos de una nave tan pesada y mucho menos capear una tormenta. Eran naves provistas de remos, pero en menos cantidad que en un barco militar.

 Sus argumentos son de peso, y puede ser que en efecto los calados más grandes (más de 4 metros) fueran muy excepcionales y usados solo en trayectos muy específicos (Meijer, 1978: 159). Con la orientación de las velas se podía modificar el rumbo pero navegando siempre, más o menos, a favor del viento. El navegante entonces dependía de su conocimiento de vientos, corrientes y de técnicas ancestrales, hoy poco conocidas. Normalmente no se navegaba en los meses invernales. En contra de lo que se ha dicho, sí se navegaba perdiendo de vista la costa, en rutas conocidas y usando de noche las estrellas como orientación. Era normal llevar algunas aves a bordo; para soltarlas durante el día y seguir su vuelo hacia la costa invisible. Los tres únicos pecios romanos encontrados, construidos con el fondo plano, están asociados con cargamentos tarraconenses. Estaban construidos para navegar por aguas poco profundas, posiblemente en conexión con la escasa profundidad del puerto de Tarraco (Peris Boscá, 2007).

Los dibujos del puerto de los siglos XV y XVI, de RafaelaPuig y de van Wijngaerden, que proporcionan detalles concordantes, son realistas cuando muestran naves de calado importante fondeando o navegando muy cerca de la playa (figs. II-2, II-3 y II-4) (Soley, 1998).



21 Avieno recoge datos de periplos mediterráneos más antiguos y los actualiza en parte durante el siglo IV (Avieno, 2001: 380).



http://www.todostuslibros.com/libros/barcino_978-84-943862-1-3 



©Luis Conde Moragues. Todos los derechos reservados.
Barcelona, B-6416-09; B-3449-14
Depósito legal: B 11865-2015
ISBN: 978-84-943862-1-3



Permiso del autor, palabras textuales:


Yo no tengo un interés económico sobre mis trabajos arqueológicos e históricos . Solo busco que mis hipótesis sobre nuestra ciudad lleven a acciones de las instituciones responsables. Adoro a esta ciudad. Puedes copiar y dar difusión a mis teorías. Más aún si puedes darles más audiencia.
El problema es que si bien yo he recibido mucho soporte, y creo que la evidencia es muy fuerte, esta es poco tangible.
Pero la silueta de la elipse esta allá desde hace 1700 años. Y probablemente estará muchos años más pidiendo una explicación.

Lo mejor es que las ideas (que critico) que se publican sobre la Barcelona romana no son creíbles ni se pueden soportar científicamente. Pero Barcino es un gran negocio para muchos profesionales.  Para estos, tu amigo es en realidad un estorbo, o peor aún un aficionado.

4 comentarios:

Miquel dijo...

Muy interesante.
Sigo con la máxima atención todos estos post.
Salut

Mª Trinidad Vilchez dijo...

Me alegro mucho que los sigas querido Miquel.
Un beso y BFDS.
Muchas gracias.

PEPI dijo...

Después de encontrar estos blogs por casualidad, los encuentro muy interesantes y los voy a seguir fielmente, por lo que me gustaría saber cada cuando se publican.. Gracias por hacernos llegar su interesante trabajo.... Pepi

Mª Trinidad Vilchez dijo...

Hola PEPI,de este libro de mi amigo LLUIS CONDE MORAGUES, hay 25 capítulos, este es el nº 10, y ya están publicados, la verdad es que son muy interesantes, LLUIS es historiador y ha escrito varios libros entre ellos este.
Si vas mirando, son correlativos los 25.

muchas gracias por tus agradables palabras hacia mi persona, soy Mª trinidad, 62 años y muchas ganas de hacer mi blog interesante y sobre todo, educativo y ameno, lo hago desde el 2009, y espero seguir durante muchos años, es mi hobby, leer y documentarme, ir a museos y excursiones a nuestra querida Barcelona, hacer fotos y hacer comparativas es lo que mes me gusta.
Un fuerte abrazo muchas gracias.