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18 de septiembre de 2015

BARCINO COLONIA ROMANA, DE LUIS CONDE MORAGUES, CAPITULO Nº 9º, A LA BARCELONA D' ABANS, D' AVUI I DE SEMPRE...18-09-2015...!!!

El marco físico de Barcino
En las publicaciones de Banks y Ventayol, se ha reconstruido el marco físico del entorno de Barcelona en la época romana (Banks, 1984: 613; 1989: 113 y 116-123; 1992: 30 y 40; Ventayol et al., 2002). Más recientemente, Riba y Colombo han publicado una monografía sobre la antigua geofísica del Barcelonés muy extensa, muy documentada y muy completa (2009). Y nuevos datos han sido aportados por Juliá y Riera (2010, 2012, 2014).
En estas obras pueden encontrarse los muchos detalles que escapan a este estudio, que es solo un resumen que se ha centrado en aquellas condiciones y cambios que, desde el siglo I a.C. al siglo XI d.C. pueden haber determinado el desarrollo del puerto de Barcino.
Partiendo de una geomorfología inicial, el puerto evoluciona por el progresivo relleno sedimentario de las cuencas inundables en las rieras y por los cambios en la línea de la costa. Y el puerto natural de Barcino se va adaptando a este entorno más cercano de la ciudad romana. Que, arbitrariamente, podríamos aceptar limitado entre Montjüich y el río Besós.

Milenios atrás, hace más de 10.000 años, durante las glaciaciones, el nivel del mar había descendido unos cien metros en todo el mundo. La fuerte pendiente así creada a lo largo del curso final de los ríos, antes de llegar al mar, había erosionado y ahondado considerablemente sus cauces. Finalizado el último período glacial Wurm, la fusión de los glaciares provocó una importante recuperación del nivel marino. Este gran cambio inundó los valles fluviales anteriormente erosionados creando estuarios en las costas, de mayor o menor magnitud, que se fueron sedimentando progresivamente. Son unas rías navegables, y muchas serán unos puertos naturales, que fueron utilizados por siglos por naves de poco calado, pero que progresivamente se fueron cegando con sedimentos. Huellas de estos valles en el suelo marino son hoy todavía visibles en cartas del relieve submarino cercano al Barcelonés (Canals, 2002). Por otro lado la fusión de las masas de hielos continentales y el aumento del nivel del mar consiguiente condujeron a lentos movimientos de re-equilibrio isostático en Europa, a lo
largo de los siglos y milenios siguientes. Estos llevarían a fluctuaciones más discretas y locales del nivel del mar.
En la época de la fundación de Barcino, el cauce del río Besós todavía formaba una amplia abertura. Inundada por el aumento del nivel del mar, por el deshielo tras la última glaciación. Y al suroeste, el Barcelonés limitaba con las estribaciones de Montjüich y con el curso y la antigua desembocadura del río Llobregat (Lubricatus) (figura II-1) (Riba, Colombo, 2009: 30 y fig. 2).
El núcleo del Barcelonés es una amplia llanura salpicada de elevaciones de escasa altura, sobre una plataforma sedimentaria del cuaternario antiguo. Desde la sierra de Collserola esta llanura desciende hacia el mar con una pendiente moderada. Acabando en un talud más pronunciado, en buena parte oculto por los terrenos sedimentarios del cuaternario y más recientes que ocupan una gran parte de su superficie. Este talud se genera por una de las cuatro fallas tectónicas casi rectilíneas y casi paralelas, del Suroeste al Nordeste, que se escalonan en el Barcelonés desde la montaña al mar. (Dos de ellas están sumergidas en épocas históricas.)
La primera falla se sitúa en el pie de la sierra de Collserola. La segunda, desde el sur de Sants al sur del Clot, condiciona al talud mencionado anteriormente, separando la Ciutat Vella de buena parte del ensanche actual.
La tercera falla está en el mar, a muy pocos metros de la costa. Es una falla que, a los pies del recinto amurallado romano y de las playas entre Montjüich y el Poble Nou, provoca un brusco aumento de la profundidad marina, muy favorable para el puerto de Barcino. La cuarta falla se sitúa a cerca de un kilómetro de la costa.

El acusado escalón submarino, generado por la falla tectónica inmediatamente justo bajo el Mons Taber, ha sido funcionalmente importante. De esta forma, muy cerca de la línea de costa, tras una estrecha playa, el mar ha tenido siempre bastante profundidad para atracar a los barcos de más calado de la época. Pero, aún así es una profundidad discreta que permite el empleo de áncoras (son unos 14 metros). Una
realidad muy interesante para las panzudas naves de carga, que raramente se podían descargar varándolas en una playa y que necesitaban muelles o embarcaderos artificiales. Son naves que se van imponiendo en sustitución de las liburnas más esbeltas que sí se varaban con facilidad en una playa. Cuando no había muelles y profundidad suficientes, para la carga y descarga era necesario transbordar la mercancía a embarcaciones de poco calado. Tarraco, Baetulo, e Iluro no podían ofrecer esta considerable ventaja para el comercio por mar. De hecho no se ha localizado en toda la costa catalana un puerto natural comparable con el de Barcino18.


Figura II-1. Esquema de la geología básica de Barcelona en la Antigüedad Tardía. Las barras arenosas (les Tasques) frente a Barcelona estarían bajo los diques del puerto actual. A resaltar las posiciones relativas de la Isla de Mayans, de la barra arenosa asociada y del islote rocoso del Puig des Falzies (bajo la Lonja) (extraído de Riba, Colombo. 2009, figuras 32 y 33). Ver también Juliá y Riera (2014).


Buena parte de la historia reciente de Barcelona viene condicionada por la progresiva colmatación de los estuarios de las rieras, que (por Las Ramblas y por la Vía Layetana) rodeaban la ciudad amurallada sobre el Mons Taber.
18 Sin embargo, más tarde sí se construyó en Tarraco otro puerto. con una escollera sobre arcadas para dejar fluir y escapar los sedimentos fluviales y marinos con el reflujo, copiando así al puerto de Puteoli. Un modelo al parecer de época un poco más tardía, una vez muerto Vitrubio (de la Peña. 2002). Puerto que, más adelante, soportó un tráfico notable durante el Imperio.

Estos estuarios pasan, secuencialmente, de ser navegables en parte, a ser marismas y lagunas muy contaminadas por residuos naturales y urbanos en la Edad Media. Llegando a ser suelo firme a lo largo de la Edad Moderna. Las acciones de saneamiento, canalización y drenaje a lo largo de la historia, han sido un importante factor auxiliar de este proceso geológico. Sedimentación, colmatación, drenaje y saneamiento inevitablemente han llevado a ganarse lentamente terreno al mar. Hace unos 2.000 años el Mons Taber, y Montjuich eran unas pequeñas penínsulas (Riba, Colombo, 2009: 121 y fig. 32). 


Estos salientes sobresalían de las playas así como otros accidentes rocosos, el “Puig dels Falcies” bajo la actual Lonja en la actual plaza Palacio, el “Turó dels Ollers” en la zona de la calle de Escudillers, que es en otras fuentes la “Peña del Codolar”, y el “Turó dels Codals” situado en la línea del mar aproximadamente frente a la Plaza del Duque de Medinaceli. Los factores en la evolución de la geomorfología de la costa del Barcelonés Basándonos fundamentalmente en los trabajos de Riba y Colombo, de Ventayol y de Sanz, se deben tener presentes seis factores fundamentales en la estructura y evolución de la costa del Barcelonés en el período romano imperial (Riba, Colombo, 2009; Ventayol et al., 2002; Sanz, 1988). A-/El Barcelonés es ahora una llanura costera formando extensas playas interrumpidas por Montjüich. 

Es una costa casi rectilínea que mira al Sureste. En esta dirección, el mar se extiende por más de 1000 km hasta alcanzar las costas del Norte de África. Así los vientos que soplen del cuadrante Este y Este-Sureste, tienen la oportunidad de acumular un oleaje de gran energía, que incidirá perpendicularmente sobre la costa, lo que potencia los efectos erosivos y de arrastre de sedimentos. Los arrastres sedimentarios, arenosos, son redistribuidos a lo largo de la costa por la acción del oleaje. En la costa catalana el factor más importante y enérgico, causa del 75% de los arrastres, es este oleaje provocado por las tempestades de poniente (Serra, Sorribas, 1993: 29-31; Sorribas, Serra, Calafat, 1993: 24-26). Este oleaje es responsable de la formación de barras arenosas, unas de corta duración y otras permanentes. En la llanura sedimentaria a ambos lados del Mons Taber se encuentran diversas líneas de barras arenosas arcaicas fosilizadas entre los sedimentos, a poca distancia de la línea de mar (Juliá, Riera, 2012, Soberón, 2012).

Otras estaban bajo el nivel de las olas, a poca profundidad llegando a crear rompientes cuando el mar está agitado. Y otras llegaban a aflorar formando islas y bajíos a poca distancia de la playa. En la Edad Mediala isla arenosa de Mayans, frente al Mons Taber, tuvo gran resonancia en el puerto de Barcelona (Riba, Colombo, 2009: fig. 33). En el siglo IV d.C. (y posiblemente antes) estas barras arenosas (Les Tasques de los documentos medievales) formaban unas escolleras naturales que protegerían el puerto tal como narra Avieno en su Ora Maritima (figura II- 2). B/ 


La morfología rocosa del litoral y sus fondos. En el caso del Barcelonés en la antigüedad son diversos accidentes; el considerable peñón de Montjüich, el propio Mons Taber (donde se fundará Barcino) y algunos salientes rocosos ya eliminados por la mano del hombre, y por tanto difíciles de ponderar. Entre ellos el “Puig dels Falcies”, el “Turó dels Ollers” y el “Turó dels Codals). Y otros relieves sumergidos, en las cercanías del Mons Taber. Estos accidentes, hoy desaparecidos, son conocidos a través de fuentes medievales y recogidos por autores como Alemany, de Bofarull y García Sanz (Bofarull, 1855; García Sanz, 1977; Alemany, 1998; Riba, Colombo, 2009: 34-35). 

Podemos considerar estas formaciones rocosas pliocénicas a lo largo de la costa al noroeste de Montjüich, llegando hasta el río Besós, como afloramientos relacionados geológicamente con este monte. Sin tenerse datos concretos, también hay que considerar como posibles en esta zona algunos escollos rocosos submarinos, que podrían haber condicionado o estabilizado la formación de las barras arenosas, casi permanentes, cerca de la costa. C/ - Las llanuras costeras del Barcelonés y del Maresme son estrechas y tienen una notable pendiente. Están limitadas tras unos pocos kilómetros por la Cordillera Costera Catalana. Los considerables arrastres sedimentarios provocados por los ríos y por los bruscos torrentes estacionales, son característicos de esta costa. Los estudios de los sedimentos cercanos a la costa indican aportes considerables, durante los siglos VII a IX, impulsados por una creciente deforestación. Provocada para incrementar la superficie dedicada al pastoreo (Juliá, Riera, 2010). D/ - 

En la costa catalana la suave corriente marina paralela a la costa (impulsada por el viento más dominante en la zona, del Norte y Noreste.) desplaza los sedimentos aportados por ríos y rieras en dirección suroeste. La corriente tiende a acumular playas en los salientes de la costa, naturales o artificiales. Es este un fenómeno actualmente muy visible (figura II-5) (Sorribas, Serra, Calafat, 1993: 24-26). E/ - 

A principios del siglo I d.C. hubo un sensible descenso del nivel marino. Este es punto quizás dudoso pero que pudiera ser muy interesante para la interpretación de la costa del Barcelonés y la evolución de las posibles zonas de embarque y puertos mediterráneos entre los siglos I a VIII. Por el contrario, Zazo encuentra en las costas del Sur de España (de Huelva a Almería) un aumento de 0,8 metros (Zazo, 2006: 3-4). Conciliar los datos de Zazo con los recogidos por Riba y Colombo de varias fuentes, implicaría aceptar que la Península Ibérica basculó muy suavemente en el siglo I d. C. Por la presencia de playas fosilizadas a diferentes niveles, por sondeos con dataciones por el carbono 14 y comparando datos y buscando correlaciones, Riba y Colombo analizan el tema a fondo en especial en el Barcelonés, el Languedoc hasta la desembocadura del Ródano y la zona levantina hasta Valencia. Deducen que existen concordancias cronológicas en un descenso del nivel del mar en el período que nos interesa, pero no cuantitativas (Riba, Colombo, 2009).

Aceptan que en el Barcelonés, este descenso de nivel del mar pudo ser, en época imperial y tardo-antigua, de algunos metros por debajo del nivel actual. Este último dato sorprendería mucho por sus consecuencias históricas y es posiblemente excesivo. Soberón cita a Nieto et al. que encuentran en el puerto de Marsella un descenso del nivel del mar en la antigüedad tardía de entre 0,5 a 0,8 m (Nieto et al., 2005; Soberón, 2010). En las excavaciones realizadas recientemente en el entorno de la estación de Francia en Barcelona se sugiere la presencia de un estrato a 6,75 m bajo el nivel actual del mar, con fragmentos muy erosionados de ánforas, es decir una zona de oleaje de baja energía. A escala mundial los datos de estos autores señalan un descenso más moderado, entre 1 y 3 metros del nivel del mar (Riba, Colombo, 2009: 182-185). 

Pero los más recientes estudios de Juliá y Riera (2012) no se pronuncian sobre esta fluctuación. Pudiera ser que la gran hidratación de los depósitos arcillosos hace los estratos compresibles de forma irregular y dificulte su interpretación estratigráfica. A finales del siglo I a.C., cuando se funda la colonia Barcino, el mar tendría aproximadamente el nivel actual. En el área que nos interesa, el mar no recuperaría un nivel cercano al actual hasta los siglos VIII o IX. Y se mantiene desde entonces bastante más estable, pero con muy ligeras oscilaciones. En el siglo IV el nivel marino estaría en el mínimo de los últimos milenios. Mientras no se obtengan más evidencias y un consenso sobre la situación en Barcelona, lo más prudente es considerar que existiese realmente una fluctuación significativa, pero que fuera limitada. Así, al explorar como contribuiría a la evolución seguida por los puertos de Barcelona desde la época romana republicana, en este trabajo se aceptará que el descenso fuera realmente sensible. Un tal descenso pudo empeorar significativamente el uso de los otros embarcaderos de toda la Layetania cuya profundidad ya era usualmente somera. Muy posiblemente, a lo largo del siglo I d.C., los estuarios naturales alrededor de Barcino, en las salidas de la Rambla y de la Vía Layetana actuales, perdieran demasiada profundidad para servir de lugar de atraque a naves de cabotaje que, por otro lado, eran cada vez de calado más considerable. Además se hubiera extendido el área cubierta por la larga franja arenosa (parte de les Tasques medievales y la isla de Mayans) ubicada frente al Mons Taber. Ello tendría un efecto muy favorable, defendiendo mejor de las tempestades de levante a un puerto interior, al pie de la ciudad amurallada (apartados A a C, y figura II- 2).

19 Un sondeo con estudio polínico y con datación por C14, dirigido por S. Riera, con estratigrafía cerca de la línea de costa, en la desembocadura actual del Besós, señala unos estratos de unos 6 metros de potencia intercalados entre dataciones, del 550-970 d.C. en el estrato superior y 1630-1410 a.C en el estrato inferior, a una profundidad entre 14 y 22 metros. Esto sugiere una considerable profundidad marina entonces en este lugar (Riba. Colombo. 2009; 114-117). Un corte geológico sin datación entre el Clot y el Poble Nou confirma la fuerte pendiente del talud marítimo en la antigüedad (Riba. Colombo. 2009; 208-210). Los estudios de la línea de costa que se adjuntan, con sus accidentes en la época romana, proceden también de esta obra.

Pero un descenso de nivel del mar no tendría demasiado efecto en la línea de costa al pie del Mons Taber que, debido a la falla tectónica, forma en este lugar un escalón casi vertical. Si al único dato medieval de profundidad en esta zona de unos 14 metros, le restamos 2 metros (que intuitivamente parece un descenso de nivel muy poco probable), nos quedaría todavía una profundidad suficiente para atracar cerca de la playa a la práctica totalidad de las embarcaciones de la época imperial19, F/ - Hay que sumar los efectos directos, e indirectos, de la acción humana. 

En el período considerado sería la posible construcción de muelles de embarque, diques u otras instalaciones portuarias a partir del siglo I d.C. Una punta arenosa, la huella de un oculto muelle antiguo, puede verse en la vistas de Barcelona de van Wyngaerde (figs.II- 4, II-5 y II-6). Según Vitrubio, que escribe en el Siglo I d.C., un puerto debe escogerse de la manera siguiente: .. “pero si no hubiera un lugar naturalmente apropiado para proteger los navíos durante las borrascas, parece que debe procederse de este modo: si hubiese en aquel lugar un pico que constituyera un refugio contra las tempestades, sino que solo por una parte hubiera una playa apropiada, entonces es preciso levantar del otro lado, con ayuda de mampostería, espolones o escolleras que lleguen a formar un puerto cerrado” (Vitrubio, 2001, 133-135) (La traducción es de Agustín Blánquez, 1997, Ed. Iberia, Barcelona.) En el puerto de Barcino, las barras arenosas podían defender al puerto de las tempestades (en particular de levante) pero sería de esperar de la ingeniería civil romana un esfuerzo para impedir que las corrientes marinas (apartados C y D) fueran cegando el puerto con sedimentos.



http://www.todostuslibros.com/libros/barcino_978-84-943862-1-3 



©Luis Conde Moragues. Todos los derechos reservados.
Barcelona, B-6416-09; B-3449-14
Depósito legal: B 11865-2015
ISBN: 978-84-943862-1-3



Permiso del autor, palabras textuales:


Yo no tengo un interés económico sobre mis trabajos arqueológicos e históricos . Solo busco que mis hipótesis sobre nuestra ciudad lleven a acciones de las instituciones responsables. Adoro a esta ciudad. Puedes copiar y dar difusión a mis teorías. Más aún si puedes darles más audiencia.
El problema es que si bien yo he recibido mucho soporte, y creo que la evidencia es muy fuerte, esta es poco tangible.
Pero la silueta de la elipse esta allá desde hace 1700 años. Y probablemente estará muchos años más pidiendo una explicación.

Lo mejor es que las ideas (que critico) que se publican sobre la Barcelona romana no son creíbles ni se pueden soportar científicamente. Pero Barcino es un gran negocio para muchos profesionales.  Para estos, tu amigo es en realidad un estorbo, o peor aún un aficionado.

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