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23 de marzo de 2011

LAVADEROS PÚBLICOS... BARCELONA, 1800...



MI VIDA Y MI HISTORIA



El vertido de las aguas tanto de la colada como del lavado y aclarado se solía realizar directamente a las cloacas de aguas pluviales. En algun caso los desagües de los lavaderos ocasionaban problemas al vecindario a causa de su incorrecta evacuación. Igualmente, el ruido y el bullicio del lavado y el trasiego de lavanderas eran, en ocasiones, una causa de molestia .
Barcelona tuvo que esperar a las Ordenanzas Municipales de 1891 para que se establecieran una serie de requisitos para la instalación de lavaderos públicos y privados. En los edificios de viviendas se prohibió su instalación en entradas y cajas de escaleras, y respecto a los públicos se dictaron normas como el caudal de agua suficiente, la obligación de disponer de lavaderos separados para lavado de ropa de enfermos y de pilas impermeables; además de ello se controló su funcionamiento sanitario a través del Cuerpo de médicos municipales, al mismo tiempo que se obligaba a los dueños de los establecimientos a mantener unas mínimas condiciones de salubridad, higiene y orden público .
Los lavaderos solían ser propiedad de pequeños empresarios –solamente unos pocos tenían más de un lavadero en diversos lugares de la ciudad- quienes cotizaban en la Tarifa 2ª, correspondiente a la Matricula Industrial y estaban agremiados, existiendo todavía en 1920 una "Asociación de industriales lavaderos". Los dueños contrataban a lavanderas asalariadas que recogían la ropa a domicilio y cobraban por pieza lavada o bien por hora; también podían concurrir lavanderas profesionales con parroquia propia que cobraban por horas; finalmente, podían ser utilizados directamente por las amas de casa que pagaban según la cantidad de ropa lavada y el agua caliente utilizada.
Existían formas para controlar el número de piezas entregadas a lavar sin necesidad de escribir cantidad alguna, lo cual facilitaba la tarea en un mundo de mujeres en su gran mayoría analfabetas. Primero fueron unos dispositivos que consistían en un cartón donde había impreso de arriba a bajo una lista de piezas y de derecha a izquierda el numero de prendas; mediante unos cordones que se introducían en los agujeros correspondientes se señalaba el total de piezas de cada clase que se entregaban . A fines de siglo XIX se difundieron otras tablas en las que mediante símbolos se anotaba la ropa que se entregaba a las lavanderas y se evitaba de este modo la pérdida o la sustracción de piezas .
En pocos casos, los lavaderos fueron en Barcelona edificios levantados exprofeso o únicamente destinados a este uso, ya que los pocos que habían existido junto al Rec, en huertos de conventos desamortizados, o en la Barceloneta y el Raval acabaron desapareciendo.Unicamente encontraremos esta tipología más tarde en algunos polígonos de casas baratas construidos por el municipio en la década del 1930 o por organismos públicos en la década de 1950, y en estos casos solamente de uso comunitario para los vecinos del grupo de viviendas.
En los nuevos barrios del Ensanche y en el centro de los antiguos municipios agregados se fueron instalando también a inicios del siglo XX lavaderos donde las propias amas de casa o las lavanderas profesionales lavaban la ropa bajo el control del propietario, quien, según un testimonio de la época, solía facilitar escamas de jabón, lejía y agua caliente para hacer la colada .
En otros barrios de la ciudad como Sant Andreu o Sant Martí la presencia de cursos de agua -acequias- era aprovechada como lavaderos públicos al aire libre, de los que tenemos testimonios pictóricos fotográficos, como el de mujeres lavando en la Acequia Comtal a principios de siglo XX. En ocasiones, en las áreas de barraquismo existentes en la ciudad durante la primera mitad del siglo XX, y a falta de otras instalaciones, las mujeres lavaban en cualquier curso de agua a su alcance, con grave peligro de contagio.

LAVADEROS EN SANTA COLOMA..1962.
Los lavaderos públicos estaban asociados a una fuente que manaba sin cesar y eran un territorio de uso exclusivo femenino. La lavadora automática liberó a la mujer de esta dura tarea, del frío y el cargar la ropa mojada en grandes cubos de cinc hasta lugares soleados donde secarla.
Esta imagen podría ser uno de los últimos lavaderos públicos que en 1972 todavía funcionaba, una imagen cotidiana en aquellos años y que el tiempo, por suerte, la ha convertido en documento histórico...




1 comentario:

Miquel dijo...

muy bueno ¡¡¡