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21 de febrer de 2011

BARCELONA EL PRIMERO DE MAYO 1890, HUELGA DE CARRETEROS EN EL PUERTO DE BARCELONA.

MI VIDA Y MI HISTORIA


El Primero de Mayo de 1890

En Barcelona los acontecimientos se produjeron de forma más conflictiva. En las reuniones previas al 1 de mayo, los socialistas habían conseguido el apoyo de numerosas Sociedades Obreras para su postura favorable a la manifestación y contraria a la huelga general; sólo tuvieron que ceder en la fecha, abandonando su propuesta inicial del día 4 para ajustarse a la fecha fijada intemacionalmente. Pero el sector anarquista no había sido derrotado y mantenía sus intenciones radicales, que acabaron desbordando el muro de contención socialista.


Desde la mañana del día 1, el paro fue prácticamente total: «Ni coches, ni tranvías, ni fábricas, lo mismo en el puerto que en las estaciones férreas, que en el comercio, los negocios, los pequeños y los grandes talleres; todo cesó, invadiendo la vía pública las clases sociales todas, impresionadas vivamente por hallarse frente afrente de lo desconocido, y atentas en observar el desarrollo de los acontecimientos» . El mitin, convocado en el Teatro Tívoli, se celebró bajo la presidencia de Antonio García Quejido, máximo dirigente en aquel momento de la Unión General de Trabajadores; al acabar, a las diez y cuarto de la mañana, los manifestantes (en número de 100.000, según El Socialista, o de 20.000, según el cálculo de J. Ferrer) se dirigieron en marcha ordenada hacia el Gobierno Civil para entregar las conclusiones ya mencionadas. Al pasar la manifestación por delante de Capitanía General, desde cuyo balcón contemplaba el acto el general Blanco, se produjo el acontecimiento más recordado de este día histórico:
Algunos obreros aplaudieron en agradecimiento porque el general no había sacado las tropas a la calle, y éste según los testigos presenciales, que otorgarían después un elevado valor simbólico a su gesto «vestido de uniforme de campaña y fajín, saludó repetidas veces quitándose el quepis». El gobernador civil, por su parte, aprovechó el momento para alabar la «cordura y sensatez» de los trabajadores barceloneses, prometiendo elevar al Gobierno de Madríd sus peticiones; y como era de suponer. los manifestantes regresaron pacíficamente a sus casas, sin que se produjera incidente alguno. A los ojos de los anarquistas, todo había sido una ceremonia sin sentido: «Presentose el partido obrero en el Gobierno Civil, se hicieron los discursos de ordenanza, se entregó la petición para que el Gobierno y las Cámaras accedieran a ocuparse de las reformas del trabajo cuando les pareciese oportuno, se disolvió la manifestación, y pax vobis» .

Pero la situación tomó un cariz muy distinto por la tarde. Miles de obreros (según la información de El Productor, pero sólo unos 200, en opinión de Ferrer) se reunieron en el campo de Las Carolinas y decidieron por aclamación mantenerse en huelga hasta alcanzar la jornada de ocho horas. Comenzaban entonces la lucha directa con los patronos, mucho más temible que la moderada concentración socialista. El día 2 toda Barcelona esta ya en huelga; y aunque por la tarde se declaró el estado de guerra, y los socialistas declinaron poco después toda responsabilidad ante el nuevo giro de los acontecimientos, los huelguistas se mantuvieron firmes y obligaron a muchos empresarios a entablar negociaciones con ellos. El día 5, los empleados de tranvías conseguían la reducción de la jornada a 8 ó 9 horas y el establecimiento de dos turnos laborales, los carreteros, los trabajadores del puerto, algunos sectores del ramo de tintorería, del calzado. de la construcción o de la panadería alcanzaron también el triunfo total o parcial de sus reivindicaciones. Gracias a estos éxitos la intensidad de la huelga fue disminuyendo lentamente, hasta que el lunes día 12 se produjo la incorporación al trabajo de los último oficios en paro.

En suma, en Barcelona el enfrentamiento entre las dos tácticas contrapuestas de socialistas y anarquistas había concluido con ventaja para la segundas, que pudieron exhibir algunos triunfos en diversas ramas productivas, mientras los líderes del P. S. O. E. y la U. G. T. no podían presentar ningún resultado positivo de sus manifestaciones y peticiones ordenadas y pacíficas. Unido a ello, su inhibición en la huelga general les había enajenado las simpatías de muchos sectores de la clase obrera, cuyo alejamiento de las posiciones socialistas se hizo manifiesto en los años siguientes.
En el resto del país, las manifestaciones y las huelgas no alcanzaron tanta espectacularidad e importancia. Según Ios datos de los corresponsales de los dos principales periódicos obreros del momento, El Socialista y El Productor, las zonas de mayor combatividad fueron Cataluña, Levante y el País Vasco , mientras en el resto del país sólo se habían celebrado manifestaciones o reuniones en locales cerrados en algunas capitales de provincia o en pueblos de relativo desarrollo industrial. Aproximadamente la mitad de las provincias españolas no conocieron alteración alguna. Y sólo en algunas localidades catalanas o levantinas (como Reus, Valencia. Manresa o Alcoy) las huelgas impulsadas por los anarquistas acabaron en enfrentamientos con las fuerzas del orden.
En resumen, únicamente una pequeña parte de la población trabajadora del país intervino en las movilizaciones de masas de la Fiesta Internacional del Trabajo. Pero las organizaciones obreras se encontraban satisfechas. Como decía pocos días más tarde una circular del Comité Nacional del Partido Socialista, el Primero de Mayo de 1890 habia permitido «afirmar solemnemente, de un modo que ni a proletarios ni a burgueses deja lugar a dudas, la unión, la solidaridad, entre todos los explotados», Y no sólo esto: en pleno optimismo, los socialistas declaraban que también había servido para «infundir saludable terror en la clase dominante o explotadora y hacerla comprender que ha llegado para ella la hora de preocuparse de las cuestiones obreras y de preparar el camino para que sean una realidad en breve plazo las reivindicaciones formuladas en los primeros días de este mes por el proletariado universal»