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28 de gener de 2011

BARCELONA ,SIEMPRE HAN HABIDO PROSTITUTAS EN LAS RAMBLAS Y NO RAMBLAS...28-01-2011...

MI VIDA Y MI HISTORIA



http://goo.gl/maps/BWCZ

   ESTE ENLACE, PERTENECE A RAMBLA SANTA MÓNICA, EN EL PORTAL Nº 20-24; EN MEDIO DEL RESTAURANT AMAYA SE PUEDE VER EN EL MÁRMOL GASTADO DOS HUECOS DE LOS TACONES DE LAS SRAS. QUE ESPERABAN CLIENTES...SÍ HABLASE ESE Y OTROS ESCALONES...


Y ESTA FOTO, DEL LIBRO" HISTÒRIES DE LA HISTÓRIA DE BARCELONA... DE DANI CORTIJO, PÁG.234...



ESTE  LIBRO, BLOGER@S DE BARCELONA...LO TENÉIS QUE COMPRAR Y VERÉIS LO INTERESANTE E INTELIGENTE...HISTÓRICO Y ANECDÓTICO QUE ES...SORPRENDENTE.







Isabelita tenía quizás 70 años y una melena rubia y rizada. José María Garrido, guardia urbano, la encontraba con frecuencia en su esquina. "Ya ves, hijo, aquí estoy, a ver si me pago el aire acondicionado." A Isabelita la conocían todos en la comisaría de la Rambla porque siempre pasaba preguntando por Michael. "Michael debió de ser un marinero americano de aquellos de la Sexta Flota que venían por el barrio chino. ‘Si lo veis por aquí, decidle que tengo un hijo suyo y que quiero hablar con él’, nos decía." Y nosotros le seguíamos el cuento: "No se ha pasado por aquí hoy, pero tranquila, en cuanto lo veamos le damos el recado." Un día de marzo del 2006 el inspector llamó a José María para preguntarle qué sabía de Isabelita. "Yo pensé que le habrían puesto una multa o algo así. Pero en seguida me dijeron que la habían encontrado muerta en un descampado de Montjuïc. Era muy mayor, me imagino con qué clase de hombres tendría que irse…, y la mataron a golpes a la pobre." Isabelita vivía en El Masnou, y José María la veía a veces tomando el tren. De joven la llamaban "la muñequita de la Rambla" porque era muy guapa. Casi no hablaba con nadie, y no es fácil seguir el rastro de su vida. Por eso, confundido, un periodista publicó el pasado verano que Isabelita era una señora de nombre Isabel que solía sacar a pasear a su perro por Sant Rafael, ajeno a la noticia de su triste muerte.
CALLE CONDE DEL ASALTO 1962, HOY CARRER NOU DE LA RAMBLA
                                                      
Nits de Barcelona, publicado en 1931, esto es, dos años antes de su venida a España obra reeditada por Proa, con las ilustraciones de Oleguer Junyent y el prólogo de Josep M. de Segarra de la edición original, subsana dicha laguna y nos procura una valiosa información. Su autor, Josep M. Planes, colaborador de la mítica revista Mirador y empedernido noctámbulo, fue asesinado el 24 de agosto de 1936 en la Arrabassada por unos pistoleros incontrolados de la FAI a quienes había consagrado un reportaje poco ameno semanas antes del levantamiento militar contra la República. Segarra esboza un sugerente retrato suyo y coincide con Planes en su aguda percepción de la ciudad durante el periodo que va de la dictadura de Primo de Rivera al 14 de abril: “Quienes más aprovechan la noche en Barcelona son los turistas, los ladrones, los poetas, las prostitutas, la gente que no tiene un centavo y la que dispone de dinero a espuertas”.
Es una forma más de violencia contra la mujer… No es una profesión, sino una forma de esclavitud... Es opresión, falta de cultura, vejación, mercantilismo cruel... Machismo... Son argumentos recurrentes para quienes, feministas o no, se oponen a la prostitución. Blanca, sin embargo, se contempla en otro más de a pie de calle: "Los órganos sexuales son una zona del cuerpo que te sirve para sentir placer y también para ganar dinero". Tan simple, o no, como decir esto, pero difícil de objetar. La única respuesta que ella dio a un reportaje hecho a base de no hacer preguntas fue ésta: "Mi vida sexual es igual a la de cualquier persona y no tiene nada que ver con mi trabajo. Sé distinguirlo perfectamente".
La historia de las mujeres del barrio chino es una historia más de miseria e injusticias sociales. Similar a cualquier otra. A veces, sin darle mucha importancia, alguna comenta que lloró debajo de un hombre esperando a que terminara "del asco que me daba". Otras veces dejan entrever historias de abusos y malos tratos por las que te dejan discurrir apenas casi rozando. Cuando hablan de las rumanas, cuentan que no viven con tanto drama su mala vida "porque ellas ya vienen de su país acostumbradas" a las palizas y los malos tratos. Lo dicen ajenas a su vida porque detenerse a mirar de frente las desgracias propias siempre cuesta un poco. Y no sirve de nada...

CARMEN DE MAIRENA
Nacimiento 15 de marzo de 1933 (78 años)
Barcelona, España
Residencia El Raval, Barcelona
Ocupación Cupletista, actor transformista
Carmen de Mairena Barcelona, 15 de marzo de 1933) Es un popular travesti español. Desde mediados de los años cincuenta hasta la llegada de la Transición (momento en el que comienza a vestirse de mujer), era conocido como Miguel de Mairena, un cantante de cuplé de cierto renombre en las salas de espectáculos más destacadas de Barcelona. A partir de los años noventa, gana popularidad a nivel nacional por sus apariciones televisivas de carácter cómico junto al presentador Javier Cárdenas, que le han vinculado al mundillo autodenominado friki. Ha realizado incursiones puntuales en el mundo del cine, incluyendo el pornográfico.
Yo la conocí en EL CANGREJO, que estaba saliendo de PASTÍS, a mano derecha al volver la calle, y te partías de risa con ella y el ambiente de cangrejo de lo más tirado y peculiar...
Hijo de aragonés y catalana, nace con el nombre de Miguel en el barrio de Sarrià de Barcelona. A los doce años, trabaja como chico de los recados en una farmacia del Paseo de la Bonanova, donde entretiene a las clientas con canciones y bailes. A los 16 años actúa como extra cinematográfico en varias películas de la productora de Iquino, cobrando 700 pesetas por película. En (1956) debuta como artista de variedades en varios locales de Barcelona, siendo el primero de ellos la sala Ambos Mundos. De allí pasa a Café Nuevo, donde permanece cuatro temporadas. A partir de ese momento empieza a actuar en otros locales barceloneses, como el Copacabana (hoy Museo de Cera de Barcelona), la Bodega Apolo,Ciros,y el Cangrejo etc., lo que le permite obtener cierto renombre como cantante de cuplé.

Calle Escudillers 1960


En esta época, mantiene una relación sentimental con el cantante Pedrito Rico antes de que éste iniciara su gira por América. Debido a esta relación, ambos son detenidos en numerosas ocasiones por las fuerzas del orden, en aplicación de la ley de vagos y maleantes vigente durante la dictadura de Franco. En la década de los años 60, debido a los malos tratos recibidos en prisión, sufre una dolencia que le impide trabajar en el mundo del espectáculo durante un año. Durante este periodo trabaja como peón junto a su padre en Gavá. Una vez repuesto retoma sus galas en los locales barceloneses de Whishy Twist, Patio Andaluz, Macarena de Flamenco (donde ofrecía un espectáculo con gitanos y guitarras), Gambrinus, Barcelona de Noche, etc. En esta época actúa junto a otros cupletistas de la época (Antonio Amaya, Miguel de los Reyes, Pedrito Rico, Tomás de Antequera) y conoce a Paquita Rico, Carmen Sevilla, Marujita Díaz y a Mikaela.


LA CRIOLLA
 Se encuentra en plena calle del Cid. El cartel luminoso que cuelga verticalmente de la fachada emborrona el pobre paisaje urbano con un resplandor rojizo ... inmuebles y personas comparten el mismo aire de miseria y nunca se sabe si la suciedad de las paredes viene de los hombres y las mujeres que se apoyan en ellos o viceversa. El gentío aglomerado en la calzada y las prostitutas e invertidos que se exhiben por las aceras flotan en este fondo bermellón decorativos y estilizados, como en las ilustraciones en las que debe de soñar CUALQUIER ESCRITOR, para sus libros.
 La calle del Cid (¡qué ironía el nombre del Campeador, mantenido hasta hoy en lo que queda de ella, entre el Paralelo y la Avenida de Les Drassanes!) está entonces llena de basuras, soldados, prostitutas, marineros, mendigos. Cualquier navajero puede sacar de improviso su útil de siete filos y asaltar a los viandantes acomodados que se asoman a él. El local de La Criolla, una antigua fábrica textil reconvertida en cabarét, encubre la austera desnudez de sus columnas con un decorado chillón de palmeras ornadas con falsas pencas verdes, cocos, monos y negros de tebeo de Tarzán que le confieren un menesteroso esplendor tropical. Una orquesta de tangos ocupa el estrado, ensordece al cliente y contagia su furia a las parejas que bailan en la pista.

Entre Hospital y San Pablo, estaba el Barrio Chino, los muebles y las callejeras, hoy mas centrado en la calle Robadors. Luego se extendía entre San Pablo y Conde de Asalto y el Paralelo. Y la isla negra, entre San Ramón, Olegario, y Tapias. Era famoso el baile de la “Patacada” o del batacazo, por las trompadas que se daban. Pero allí tenía sus talleres “El Brusi” o diario de Barcelona. Pero antes de la guerra, esta zona no era aun barrio chino y estaba lleno de locales “La criolla “, donde se mezclaban, anarquistas, ladrones con sus academias y refugios y prostitutas. Y donde se celebraba un importante Carnaval .En la posguerra por ejemplo la calle Tapias era de los rincones más tétricos, patéticos y lúgubres de Barcelona. En los años 70, la calle san Ramón y san Olegario, tenia aire de feria barriobajera, con los borrachos, los traficantes de productos prohibidos y robados y de “servicios” de carne de cañón “la ruta de los elefantes”, ... Y camellos , que hoy los vemos en la calle del Carmen , mas arriba , sentados delante del Instituto de Investigaciones Científicas , en plena kasba actual . De todas formas el verdadero barrio chino, es el destrito V, nombre dado por un escritor y periodista Francisco Madrid en 1926, en su libro Sangre en las Atarazanas. Desaparecida la Bodega Bohemia, reducto del Paralelo de entreguerras. Hoy aun nos queda el Pastis, decorado a la bohemia francesa. Donde se puede disfrutar como en London de excelente música en vivo , desde Jorge Sarraute a otros de los mejores jazzistas de Barcelona. Pero de la zona aun nos quedan los nombres de la delincuencia histórica. Y no solo nombres Descuideros,trilleros,desvalijadores,tironeros ... falsificadores, limoneros,palquistas,palanquistas,toperos,peras, timadores, ganchos , grifotas ,drogadictos , carteristas y chulos. Como decia un viejo eslogan “botiguer” , “en mi barrio hay de todo” …

Reme,la que abraza a ese señor, en la foto de arriba justo... Camina por la calle Sant Pau, cerca de "su esquina", en la confluencia con Sant Ramon.
Hace años, en el barrio del Raval, la luz se iba de repente para hacerse cómplice de la mala vida que descargaba el puerto. Ahora, el cruce de tres calles entre Robadors y un antiguo bar de la Sexta Flota en el que todavía sirve copas la hija joven de una vieja "madame" es todo lo que apenas queda de aquella Barcelona oscura y canalla, refugio de carteristas, putas ilustres y anarquistas derrotados. Es un mundo en perpetua decadencia que ya hace más de un siglo que escritores y periodistas describieron a punto de desaparecer.

Reme lleva en la esquina de este barrio desde los 12 años. Un día, un artista callejero dibujó a Olivia, la de Popeye, en un gran pliego de papel de embalar y lo pegó en la arruinada pared de una antigua farmacia, justo sobre su esquina. Quizá sin querer, las dos lucían bien con sus minifaldas y sus medidas tan poco estándar. "Aquí necesito poner yo una placa", dice Reme, celosa de sus propiedades. "Y cuando me muera quiero que esparzan la mitad de mis cenizas en la esquina y la otra mitad delante del Bingo."

La inmigración extranjera ha ido copando el lugar de las prostitutas españolas, y si el fotógrafo Joan Colom (Barcelona, 1921) volviese a pasearse por este barrio con la cámara en la cintura retratando su crudeza, seguro que tendría que vérselas con las cuidadoras de las chicas rumanas que hacen la calle vestidas de sport. Las últimas españolas del barrio chino se van quedando sin sus rincones de siempre. En tiempos pasados, se atiborraban a cafés con leche de bar en bar para matar el hambre. "A las chicas la consumición no nos la cobraban", recuerda Blanca de aquellos años en que llegó de San Sebastián "sin dinero para comprarle ni un chupa-chups a mi hijo" y se plantó con arrojo frente a un toro imaginario.
Blanca, una de las prostitutas históricas del barrio chino barcelonés, en su casa, convaleciente de neumonía.

Entre el barrio chino e Islamabad

Lo que fue el barrio chino se renombró hace pocos años como Raval, aludiendo a su histórica condición de arrabal. Al pasear por la mítica Rambla es inevitable fijarse en la multitud de inmigrantes de rasgos árabes que asoman la cabeza desde las intrincadas callejuelas de uno de sus laterales para vender "cerveza-beer" a altas horas de la madrugada y, a veces, si tienes suerte, una samosa templada. Son tantos que una podría imaginar que habitan en una lejana ciudad dentro de la ciudad y que por eso el barrio se llama algo así como Rabat.

Pero de ser una ciudad dentro de la ciudad, el Raval sería hoy Islamabad. Y así como los comercios y los restaurantes mayoritariamente pakistaníes han contribuido a dinamizar un barrio marginal repleto de viejos colmados y decadentes bares Andalucía o Mondoñedo emigrantes en Barcelona ha habido siempre, las chicas rumanas han tomado el relevo de las españolas repoblando esta extraña trinchera que sobrevive al tiempo, al acoso inmobiliario y a las redadas policiales.

No semejan, ni de lejos ni de cerca, hermosas princesas del Este. Las chicas más altas, rubias y esbeltas son propiedad de los prostíbulos de la zona alta. Aquí el sexo cuesta sólo 20 euros, y las rumanas son muy jóvenes, pero no demasiado guapas. O quizá sea que les sienta mal la subcultura de la pobreza como a las fachadas de los edificios que aún no han cambiado. Pero como en los cuentos, ocurre siempre que una chica destaca por encima de todas y brilla callada, magnificando el misterio, en una de las mesas del bar La Llesca. Y se acerca a pedir algo a la barra, tan serena y hermosa que cualquiera diría que no se halla aquí sino en un estanque de agua clara.

Lo cierto es que al mirarlas entrar y salir con expresión jovial de ajados portales, es difícil saber cuáles son las que lloraron en el borde de las aceras para volver a casa, cuáles llamaron a las amigas desde Rumanía para preguntar "si hay trabajo", cuáles son verdugos de sus propias compañeras, cuáles suben al cuarto y llaman a su chulo para que robe al cliente bajo amenazas y cuáles descubrieron que si se hinchaban a beber Red Bull no se desmayarían en la ronda Sant Antoni durante las calurosas tardes del verano pasado.
Reme con un cliente habitual frente al restaurante Pollo Rico, lugar frecuentado por prostitutas.
l Raval es una realidad que no se escapa a la conciencia de nadie. La presencia cada vez más numerosa de redes mafiosas que obligan a chicas inmigrantes a prostituirse bajo amenazas y maltratos ha movilizado a la policía de varios países europeos en la lucha contra el proxenetismo. Ellas han llegado, a veces sin los 18 años cumplidos, para que las tristezas sórdidas del barrio chino aún puedan, por desgracia, narrarse sin ser territorio exclusivo de los romanticismos del pasado.

Pero "nos quitan el trabajo", protestan las veteranas. "Prostitutas hemos sido toda la vida, pero ellas han ensuciado el barrio", sentencia Ana, que no sabe leer ni escribir ni tiene casa. Reme, Rosa, Isabelita, Blanca, Marga, Paquita, María. Son las míticas inquilinas de este marsellés extraño submundo de sexo barato en horario decente. Son las últimas prostitutas españolas de aquel barrio chino de Pepe Carvalho y los caballitos blancos que descuidaban el dinero de su gabán a posta en una silla.

Paquita baja muy elegante de su piso del Paral∙lel algunos viernes, con un traje negro y crema que le hace juego con el bolso, un anillo de oro en cada dedo y un clavel rojo recogiéndole el cabello. Tiene 75 años y sigue siendo muy guapa. Fue, según cuenta, vedette en El Molino y se casó con un empresario que la sacó de puta "para putearme él, que en paz descanse y le den mucho por el culo, qué malo era", comenta sin detenerse en más explicaciones. Paquita era de una familia de payeses de Reus, y de pequeña tenía el pelo rubio y muy largo. Lo peinaba con una trenza que recorría su cabeza de izquierda a derecha y que terminaba prendida en un lazo rosa. Un día las monjas del convento le raparon el pelo para castigarla. Su primer novio, "el que me desvirgó", fue un gallego. En el bar de su marido, recuerda, los hombres entraban al verla bailar desde la acera.