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2 de diciembre de 2010

BARCELONA Y CATALUNYA EN LOS AÑOS 30---4ª PARTE.

BANDO 28 DE JULIO DE 1909.



MI VIDA Y MI HISTORIA.

Estas escuelas eran unos experimentos educativos radicales, en la tradición de Tolstoi, que, en un ambiente tan católico como el de españa, tenían que causar escándalo:Francisco Ferrer i Guardia, por ejemplo, despreciaba deliberadamente lo convencional llevándose de excursión a sus alumnos el Viernes Santo. No fue por azar que quien en 1906 intentó matar al rey y a la reina el día de su boda, fuera Mateo Morral, empleado de la editorial que tenía Ferrer en Barcelona. En cambio, es casi seguro que Ferrer no tuvo nada que ver con la preparación de la Semana Trágica de Barcelona, aunque fue juzgado y fusilado como su "principal organizador", sin más pruebas que las declaraciones falsas de unos cuantos radicales que querían acabar con él.( En realidad fué ejecutado porque llevaba mucho tiempo propugnando una revolución, aunque no la hubiese organizado). La muerte de Ferrer dió a los anarquistas un mártir de fama internacional y perjudicó a los radicales, que habían intentado minar la fuerza que tenían los anarquistas entre los obreros catalanes. El gobierno dió por sentado que la federación anarquista obrera de Barcelona había sido el instrumento de que se había valido Ferrer, ayudado por los trabajadores franceses y  ¿cómo no?por la masonería internacional; los anarquistas fueron perseguidos ; y en consecuencia, los trabajadores se acercaron cada vez más a ellos, y se alejaron de los programas políticos, como los de los radicales...

De allí en adelante, además, los líderes obreros moderados perdieron terreno ante los más violentos, que consideraban románticamente l Semana Trágica como una versión española de la comuna de París, una "epopeya" que, si era posible, había que volver a representar.



«Momias de las monjas del convento de Las Salesas profanadas y expuestas a la entrada del convento en el paseo de San Juan» (1936).


La lucha en Barcelona llegó a su fin el sábado 31 de julio, cuando Horta, la última avanzada de resistencia rebelde, fue dominada. Allí los rebeldes lucharon hasta que fue imposible continuar el combate. Cuando la Semana Trágica finalizó, la policía registró un saldo de bajas de sólo 8 muertos y 142 heridos. La cifra oficial de muertes entre la población civil fue de 104, pero es casi seguro que estas cifras fueron manipuladas y deben ser contrastadas con los 600 muertos de los que habla Buenacasa (Buenacasa fue uno de los participantes en la sublevación, y sus datos, si bien indicaban cifras seis veces mayores que las oficiales, no deben ser desestimados). El número de heridos no se conocerá nunca. Aunque la prensa reaccionaria exigía que se castigara "la furia del diablo con la furia de Dios", en realidad sólo dos monjes fueron asesinados deliberadanente. En los asaltos contra instituciones religiosas el objetivo no era matar sino -según Joan Conelly Ullman- "destruir la propiedad -la riqueza- del clero".
Tan pronto como terminó el alzamiento se establecieron tribunales militares para castigar a los revolucionarios. De acuerdo con la informaciones oficiales, en el periodo de los diez mese siguientes al levantamiento, 1.725 personas fueron acusadas por los tribunales militares y 214 escaparon a la persecución del ejército y no fueron nunca capturadas. Durante las investigaciones, los tribunales tuvieron que retirar los cargos sobre 469 personas y poner en libertad a otras 584. El resto de acusados, alrededor de 450, fueron juzgadas y condenadas a los más variados periodos de reclusión; 17 fueron condenados a muerte, aunque sólo se ejecutó a 5.
En cuatro de los casos en que se aplicó la pena capital, los procesos carecieron de bases judiciales: las víctimas fueron ejecutadas no porque hubiesen cometido las graves ofensas de que fueron acusadas, sino porque las autoridades querían que sirviesen de ejemplo. Los militares, al parecer, habían decidido ejecutar a una persona por cada incidente importante. La selección de víctimas fue muy arbitraria. La quinta y última persona en ser ejecutada fue Francisco Ferrer i Guardia. Ferrer había permanecido en el extranjero entre marzo y julio de 1909. Había regresado a Barcelona para visitar a su cuñada enferma y a una sobrina que estaba muy grave. Durante la insurrección pasó la mayor parte del tiempo en su casa de campo, situada a unos veinticinco kilómetros de Barcelona, y sus movimientos fueron controlados muy de cerca por la policía.
Ferrer tenía muy poca influencia entre las masas revolucionarias y los radicales de la ciudad. Aunque había protegido a anarquistas tan notorios como Anselmo Lorenzo y "Federico Urales" (Juan Montseny), los anarquistas y sindicalistas no aprobaban sus actividades financieras y la notoriedad que había alcanzado su vida privada. Los radicales estaban interesados en Ferrer por las contribuciones económicas que pudiese hacer a la causa. Los socialistas, por su parte, lo detestaban. Casi todos lo veían como un elemento necesario y se mostraban diligentes a la hora de recibir su dinero (por ejemplo, la sede central de Solidaridad Obrera había sido arrendada con un préstamo de Ferrer), pero estaban muy poco dispuestos a escuchar sus consejos.
Sin embargo, este hombre era un auténtico revolucionario. En contraste con los líderes radicales, como Iglesias, él tenía la esperanza de que la huelga general se convirtiera en una revolución. El gobierno y el clero le odiaban y era obvio que intentaría destruirle. Cuando fue capturado el 31 de agosto, después de permanecer durante cinco semanas escondido en su masía, los prelados de Barcelona enviaron una carta a Maura exigiendo públicamente una acción enérgica contra Ferrer y su Escuela Moderna. La respuesta de Maura fue la siguiente: "el gobierno obrará de acuerdo con el espíritu de vuestra carta y las líneas de conducta que señaláis".
Francisco Ferrer fue condenado a muerte por un tribunal militar que ya había dictado veredicto mucho antes de que el proceso comenzase. Los procedimientos duraron tan sólo un día. Durante el proceso ser cometieron irregularidades que escandalizaron a la opinión pública mundial: por ejemplo, se admitieron como pruebas contra el acusado rumores y declaraciones de personas anónimas. Prisionero que tenían que responder por sus propios y graves atentados, tuvieron la oportunidad de rebajar sus duras condenas a cambio de declarar en contra de Ferrer.


 En cambio, las pruebas a favor del acusado fueron eliminadas, y en general la actuación procesal resultó escandalosa incluso para lo que era habitual en la época. Un testigo declaró que Ferrer había participado en la quema de conventos de una barriada donde en realidad no se había producido ni un solo incendio...

http://www.musicasenlinea.com/videos/la-guerra-del-marroc-i-la-setmana-tr-gica-de-1909-;9QOBJ1xsVuY.html

http://www.musicasenlinea.com/videos/les-imatges-de-la-setmana-tr-gica-;pmSPEo5N87s.html

La Semana Trágica condujo a la formación, en 1910, de la primera federación de trabajadores a nivel nacional, la confederación Nacional del Trabajo, CNT, que desde el principio estuvo dominada por los anarquistas. Inaugurada en 1911, sus líderes combinaban las ideas de los supervivientes de la generación de Bakunin con las del principe Kropotkin, Malatesta y Ferrer, y también estaban influidos
(como lo había estado Ferrer) por las ideas venidas de Francia, donde los dirigentes obreros se encontraban en plena marea de entusiasmo por el sindicalismo y la idea de la guerra a muerte en lo aconómico.Sin duda los miembros de la CNT eran todavía una minoría incluso entre los trabajadores organizados de Barcelona. Pero su brío y su violencia llamaban la atención.Sus técnicas eran el sabotaje, los disturbios, el anti-parlamentarismo, y, sobre todo la huelga revolucionaria, concienzudamente planeada y llevada a cabo sin piedad, que se convirtió en la esperanza fundamental de los trabajadores españoles como medio de lograr el objetivo del "comunismo libertario". Como se suponía que una huelga oportuna tendría una eficacia inmediata, no había fondos de huelga, aunque muchos trabajadores anarquistas tampoco hibiesen podido contribuir a ellos.

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