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1 de diciembre de 2010

BARCELONA Y CATALUNYA AÑOS 30---3ª PARTE.

MI VIDA Y MI HISTORIA.

Los intelectuales como Manuel azaña o el director de cine Luis Buñuel no podían olvidar a la iglesia, aunque rechazaran la religión.
Entonces habían muy pocas escuelas, habían muchos niños analfabetos...
Cuando los incendiarios anarquistas pidieron las llaves de la iglesia al cura de Palamós; durante los hechos de 1909, él les respondió: " Quememos la iglesia, pero tambien la fábrica; perdamos el pan igualmente vosotros y yo. ¡ Vamos  a empezar por la fábrica! " El cura empezo a bajar la colina, pero no se quemó ninguno de los dos edificios.
Durante los disturbios de 1909, la clase trabajadora  de Barcelona demostró una completa ignorancia de lo que ocurría en los conventos, y un gran interés al respecto.
Se suponía que en aquellos misteriosos edificios se guardaban los cuerpos de jóvenes martirizadas , además de valores y acciones. Pero el cadáver expuesto en el colegio de las hermanas de la Inmaculada Concepción en Pueblo Seco resultó ser el cuerpo embalsamado de Leonor de Aragón, muerta antes de 1450. También se suponía que las monjas debían de ser ricas, desde el momento en que podían llevar aquella vida contemplativa. De manera que se consideraba que cada convento era una conspiración contra la democracia.
Otro miembro era el poeta José María Pemán, el "hombre de ideas " de la unión Patriótica de Primo de Ribera que era un romántico enamorado del pasado.
El anticlericarismo era comprensible en la España de los años 30, y los liberales entregados a la causa de liberar a la enseñanza y la cultura de la opresión sofocante del catolicismo actuaban dentro de una gran tradición decimonónica. Pero en España, el verdadero problema cultural  seguía siendo la falta de enseñanza. Por ejemplo, casi veinte provincias españolas tenían una tasa de analfabetismo del 50% o más, y solo dos provincias (Barcelona y la provincia vasca de Álava) tenían la tasa de menos del 25%.
" La idea" (como llamaban al anarquismo sus partidarios) también llegó a Barcelona, quizás en parte a consecuencia de la emigración de trabajadores andaluces a las fábricas textiles, aunque Barcelona
había aumentado de dimensiones sobre todo gracias a las gentes procedentes del campo catalán. En 1880 los anarquistas catalanes eran 13.000, mientras que en Andalucía había unos 30.000. Pero los militantes  cambiaban mucho y a veces parecía como si los obreros textiles de Barcelona fueran a pasarse al socialismo.
Pero incluso en Barcelona, el terrorismo inflamaba la imaginación de los obreros no especializados y a menudo analfabetos que acababan de llegar a la ciudad, e incluso los más magnánimos eran incapaces de negar el valor de la "propaganda por el hecho", como la llamaba el italiano Malatesta.





Errico Malatesta (Santa Maria Capua Vetere, Campania, 1853 - Roma, 1932) Anarquista italiano, miembro de la Primera Internacional desde 1872, amigo y discípulo de Bakunin (1872). A la edad de 14 años fue arrestado por enviar una carta al rey Victor Manuel II quejándose de una injusticia local. Partcipó en diversas insurrecciones campesinas (1877). Fundó los periódicos "Agitazione" (1897) "Umanità Nova" (1919) y "Volontà" (1924). Tuvo que exilarse varias veces y desde su retorno a Italia en 1919 estuvo al frente del movimiento anarquista. Desde 1922 hasta su muerte en 1932, vivió estrechamente vigilado.


Cualquier acto repentino de violencia provocaría el pánico en la burguesía. Hubo un famoso atentado contra el capitán general Martinez Campos en 1893; su frustrado asesino fué ejecutado; y para vengarse, un amigo de este tiró una bomba en el Teatro Liceo, en Barcelona, matando a 21 personas.



En represalia, fueron ejecutados el asesino y varias personas inocentes. Entonces tiraron otra bomba en una procesión del día de Corpus Chisti, en la que murieron diez personas. La responsabilidad anarquista no se pudo probar, pero fueron ejecutados cinco anarquistas y otros fueron encerrados como ganado en el castillo de Montjuich, donde murieron varios por inanición.
Se produjo un escándalo internacional, y, en represalia, el primer ministro, Cánovas, fué asesinado por un anarquista italiano.

El nombre del asesino de Cánovas era Michele Angiolillo, un anarquista italiano que pretendía vengar las muertes de otros anarquistas en el castillo de Montjuïc (Barcelona) por parte de las autoridades españolas - en Cataluña y especialmente en la ciudad condal las fuerzas del orden mantenían con los anarquistas una guerra abierta-. Como el mismo Angiolillo reconoció repetidas veces: "He venido a vengar a mis hermanos de Montjuïc."
Angiolillo fue detenido por las fuerzas del orden sin oponer resistencia, las posteriores investigaciones descubrieron que el asesino era un hombre bien conocido por la policía, una de sus múltiplas detenciones lo fue por las bombas que se lanzaron en el Teatro del Liceo barcelonés, aunque finalmente no se pudo probar nada.
Para entonces, aunque existían relaciones de amistad entre los anarquistas españoles y sus camaradas del otro lado de los Pirinéos(incluidos los rusos), el movimiento parecía indígena español, principalmente por haber absorbido el federalismo de clase media-baja de Pi y Margall, que estaba en la base de buena parte de la especulación política española  (todavía en 1937, una destacada intelectual anarquista Federica Montseny, se declaró más proxima a Pi que a Bakunin).
En los primeros años del siglo xx, empezaron a funcionar en Barcelona varias escuelas racionalistas que aspiraban a dar una versión más culta del anarquismo;la más célebre fue la escuela Moderna de Barcelona, dirigida por Francisco Ferrer i Guardia, un masón, agitador, conspirador, jugador de bolsa, galanteador y optimista. 

El 13 de octubre de 1909, hace cien años, fue fusilado en el castillo de Montjuic, Barcelona, Francisco Ferrer y Guardia, notable educador anarquista, creador de la Escuela Moderna y gran promotor de la organización sindical y política de la clase obrera. El 5 de agosto de 1942 otro destacado maestro fue asesinado -junto a sus alumnos- en el campo de exterminio de Treblinka: el polaco Janusz Korczak.
En la Cataluña y la España de aquellos tiempos -comienzos del siglo XX-, fruto del concordato firmado por la Casa Real y la Santa Sede, la inscripción de un niño en los registros y su mismo derrotero como persona hasta la tumba (ya que no había cementerios civiles) estaba determinada por el origen social y la pertenencia religiosa.
No había edad mínima para trabajar. Niñas y niños del proletariado entraban a fábricas y talleres a cumplir con pesadas tareas y con largas jornadas, por un salario de hambre. La contracara eran los hijos de la burguesía y la nobleza (particularmente, los varones), quienes sí tenían oportunidad de crecer y desarrollarse, aún en medio del oscurantismo religioso, para ocupar los lugares que la burocracia o la jerarquía del Estado les tenían reservados.
Por eso el derecho a autoeducarse y el derecho a educar a los propios hijos -paradójicamente- fue una demanda histórica de las vanguardias obreras. Sensible al clamor, Ferrer y Guardia (en la foto)hijo de las clases acomodadas que decidió poner su fortuna y talento al servicio de la emancipación social, se propuso aplicar un modelo de enseñanza distinto al imperante, inspirado en la Ecole de Cempuis que habían desarrollado con éxito, en Francia, Sébastien Faure y Paul Robin. Trabajo cooperativo, contacto con la naturaleza y una apertura al conocimiento racional del mundo, tal era la fórmula.

En apenas cinco años (1901-1906), la escuela fundada por Ferrer llegó a contar con más de mil alumnos, distribuidos en 34 centros educativos. Pero sus enemigos eran poderosos y tras un atentado anarquista en el que estuvo involucrado un discípulo de Ferrer, lograron que se decretara el cierre de todas las sedes de la Escuela Moderna, demonizando al fundador.

La historia siguió su camino y poco tiempo después, nacida como una huelga general para impedir el envío de jóvenes reservistas a combatir en las colonias del África, estalló lo que la prensa conservadora española (y luego la de todo el mundo) llamó Semana Trágica (para los obreros anarquistas, socialistas, republicanos y radicales, aquella fue la Revolución de Julio, o también la Semana Gloriosa).
Solidaridad Obrera, entidad que organizaba a unos 10.600 trabajadores de distintos rubros (vidrieros, ladrilleros, jornaleros, obreros textiles, maestros laicos, empleados de talleres metalúrgicos, pescadores y estibadores portuarios, entre otros) condujo la revuelta. Y aunque se respetó en todo momento la vida y la integridad de las personas, los activistas y agitadores dirigieron los ataques -en respuesta al cierre de las escuelas anarquistas- contra las instituciones religiosas.
Se quemaron en aquellas jornadas 33 conventos, 33 escuelas confesionales y 20 iglesias. También fueron incinerados en las plazas distintos símbolos y fetiches del poder burgués: dinero, acciones de Bolsa y hasta joyas que guardaban los templos, los bancos y los edificios consistoriales.
Francisco Ferrer y Guardia no se hallaba en Barcelona por aquellos días. Sin embargo (era de prever) fue señalado como el “autor ideológico” de la insurrección y arrestado no bien las fuerzas armadas lograron retomar el control del territorio.
Allí en el Muntjuic (monte de los judíos, cementerio de los disidentes) fue fusilado Ferrer. Al mismo tiempo, se dispuso el cierre de un centenar de escuelas anarquistas que habían logrado sobrevivir.