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16 de novembre de 2010

EL SEÑOR DE LA GUERRA, 2005 INSPIRADA EN VIKTOR BOUT



MI VIDA Y MI HISTORIA.



LA PELÍCULA...EL SEÑOR DE LA GUERRA, SE INSPIRÓ EN VIKTOR BOUT , Y ESTE ES EL AUTÉNTICO "SR." DE LA GUERRA, UN RUSO CON DIFERENTES PASAPORTES...Y AHORA LES ESTORBA EL  TRAFICANTE DE ARMAS A NIVEL MUNDIAL Y ESTADOS UNIDOS LE PIDIÓ AYUDA EN LA GUERRA DE IRAK...Y ESTADOS UNIDOS LE TIENEN MIEDO...SABE DEMASIADO...

Viktor Bout en África

Le llaman “El mercader de la muerte” y “El quebranta-embargos”, pero el alias que mejor le define es el título de la reveladora y durísima película “El señor de la guerra”, escrita y dirigida por Andrew Niccol y protagonizada por Nicolas Cage. No en vano, Yuri Orlov, el protagonista de dicha cinta, se basa, al menos en parte, en él: Viktor Anatolyevich Bout, uno de los mayores traficantes de armas del mundo.
Pero la suerte se le ha acabado a este siniestro hombre de negocios ruso en Bangkok, donde ha sido detenido por la Policía tailandesa debido a la orden de captura que pesaba sobre él por, supuestamente, haber suministrado armas al grupo guerrillero de las FARC colombianas. Para atraparlo, el Departamento Antidroga de Estados Unidos, la DEA, ha montado una operación que ha durado varios meses en la que varios de sus agentes se han infiltrado en la organización de Bout y se han hecho pasar por emisarios de las FARC para tenderle una trampa.
Aunque Bout siempre lo ha negado, la ONU y distintas organizaciones como Amnistía Internacional sospechan que este antiguo mayor del Ejército Rojo ha sido el principal proveedor de armas de todos los conflictos que se han sucedido en el mundo tras el fin de la Guerra Fría.
Nacido el 13 de enero de 1967 en una república de la extinta Unión Soviética – Tayikistán, Turkmenistán o Ucrania, según biografías –, Bout no ha hecho distinciones entre sus clientes y ha vendido por igual tanto a los gobiernos como a los rebeldes de las guerras que han desangrado África durante los últimos años. Desde la Libera de Charles Taylor hasta Ruanda, Sierra Leona, Uganda, Sudán o el Congo.
Para ello, contaba con sus propias compañías de transporte aéreo, que iba fundando y trasladando de país en país, desde Bélgica hasta Estados Unidos pasando por los Emiratos Árabes o Guinea Ecuatorial, cada vez que la justicia le pisaba los talones.
Y es que “El mercader de la muerte”, que habla seis idiomas y tiene otros tantos pasaportes y nombres, es un experimentado militar que, cuando se derrumbó la URSS a principios de los 90, se encontró con que no tenía trabajo, pero sí un enorme arsenal a su disposición y numerosos contactos dispuestos a comprarle los cientos de miles de “kalashnikov” que se oxidaban en los depósitos soviéticos.
Entre 1992 y 1995 vendió armas por valor de 50 millones de dólares a sus antiguos enemigos afganos; entre julio de 1997 y septiembre de 1998 introdujo de contrabando en África 14 millones de rifles de asalto, granadas, misiles y lanzacohetes procedentes de Bulgaria; y en 2000 ya suministraba helicópteros, cañones antiaéreos y vehículos armados a cambio de grandes partidas de diamantes.
Pero Bout, que se había especializado en abastecer de armamento a los regímenes africanos bloqueados por embargos de la ONU, cayó en el punto de mira de Estados Unidos tras el 11-S, ya que entre sus clientes se encontraban los talibanes de Afganistán.
Seis años después, el verdadero “señor de la guerra” ha caído por fin, pero muchos seguirán todavía muriendo por sus balas.
Fotos de Viktor Bout detenido, de Nicolas Cage en la película "El señor de la guerra" y de los niños soldados del Congo: AP, Lions Gate Films y Reuters


 SU NEGOCIO

Al colapso de la Unión Soviética, la fuerza aérea quedó en una situación de desamparo financiero para el mantenimiento y combustible de sus naves, frente a la cual But ya se había puesto a trabajar por cuenta propia. Poco después estaría comerciando armamento restante del bloque comunista a antiguos clientes como dictadores, guerrillas y gobiernos inestables en África, Latinoamerica y Asia. Sus primeras entregas de armas conocidas las hizo en 1992 a la Alianza del Norte afgana. Un reactor MiG-21 talibán interceptó un avión de carga suyo tres años más tarde que transportaba millones de cartuchos destinados al gobierno de Kabul. La tripulación fue hecha prisionera hasta una espectacular fuga un año después a bordo de un Ilyushin que despegó desde Kandahar. Pakistán, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos fueron los únicos países en reconocer al gobierno talibán una vez que subió al poder, y fue en este último, específicamente en el emirato de Sharjah, donde But instaló su principal base para comerciar con él. Documentos encontrados en Kabul demuestran que a partir de 1998 el gobierno afgano pagó 50 millones de dólares en total por material bélico, y, según Washington, también drogas y milicianos. Mientras tanto había expandido desde hacía tiempo su negocio al África, donde estableció estrechas relaciones con el ex -dictador liberiano Charles Taylor, el dictador Joseph Mobutu Sese Seko del Zaire (actual República Democrática del Congo), el libio Mu‘ammar al-Qaḏḏāfī y el líder rebelde angoleño Jonás Savimbi. En ese entonces, para volar a escala internacional los aviones debían registrarse con la serie de letras propias del país que realizaba su mantenimiento, imprimiéndosela en la cola. But los registraba varias veces en diferentes lugares y así eludía las normas de la aviación internacional, especialmente en Liberia -acorde a un informe de las Naciones Unidas (ONU) del 2000-, país que vendió su registro a socios que le ayudaron a erigir su negocio. La Oficina de Matriculación de las Aeronaves liberiana era dirigida desde Kent, Inglaterra, y ofrecía servicios burocráticos de licencias y registros sin inspección en los aviones. El mismo grupo controlaba el registro de Guinea Ecuatorial, donde But reinició el tráfico cuando la presión internacional en contra suya aumentó en Liberia. Tanto su flota en Liberia, inscrita en la empresa Central Africans Airlines, como la que tenía en Guinea Ecuatorial, que operaba en Air Cess, funcionaban con los mismos teléfonos en Sharjah.
Uno de los muchos pasaportes de Viktor Bout

 "Intocable"

La personalidad de Víktor But ha contribuido a su éxito. Se dice que es un hombre educado, inteligente, ambicioso, pero prudente y modesto. Sobre todo, no se le conoce inclinación política y es su falta de escrúpulos en este sentido lo que seguramente más ha jugado a su favor: al mismo tiempo que proveía a su amigo Ahmed Shah Massoud, líder de la Alianza del Norte afgana, vendía su mercancía a los talibán; su flota voló al mismo tiempo para el gobierno de Angola y para la rebelión de la UNITA; un avión suyo rescató a Joseph Mobuto Sese Seko del sitiamiento en que lo tenían los rebeldes a quienes les había vendido armas; colaboró con Charles Taylor, las FARC colombianas y Qaḏḏāfī. Se le conocen negocios de otra índole como el transporte en 1993 de fuerzas de paz de la ONU belgas a Somalía en el marco de la operación "Devolver la esperanza", o el traslado en 1994 de 2.500 soldados franceses a Ruanda para frenar la masacre que allí había o el de negociadores de paz a Filipinas, donde la banda terrorista local vinculada a Al Qa'eda Abu Sayyaf tenía rehenes, además del envió de suministros al Programa Mundial de Alimentos al África y de materiales humanitarios en Sri Lanka el 2004. Ha participado en varias misiones para las Naciones Unidas en los mismos lugares en catástrofe producto de su venta de armas, tanto en el África, como en Afganistán e Iraq, donde prestó sus servicios para los Estados Unidos e Inglaterra. Es por esta última razón que ha permanecido inmune ante el proyecto de resolución dictado por la ONU en el 2004, consistente en congelar los bienes y las mercancías de quienes habían apoyado al depuesto dictador de Liberia, Charles Taylor. También por esto el gobierno británico, a petición del estadounidense, excluyó a But de su "lista negra" ese mismo año, luego que cuatro años antes Peter Hain, entonces a cargo de la Foreign Office en el África, lo declarase el mayor obstáculo para el embargo de armas en Angola y en Sierra Leona. Ha violado además embargos de armas en Liberia y la República Democrática del Congo. La Interpol emitió una alerta roja solicitando su detención, aun sin pruebas contundentes y pese a las presiones y la persecución en su contra, sus negocios se mantienen dentro de una laguna legal que la jurisprudencia internacional no puede prohibir.