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20 de novembre de 2010

NÚRIA ESPERT ACTRIZ

MI VIDA Y MI HISTORIA.
L'espai que fa memòria dels 50 anys d'història de TVE Catalunya, "Memòries de la tele" recupera el dramàtic "La dama de les Camèlies", de la mà de dos dels seus protagonistes i del seu director. A més, repassa tots els programes en els que ha participat el periodista Ernest Riveras.












Miércoles, 25 de noviembre de 2009

La sala Margarida Xirgu, a punto de decir adiós

La sala Margarida Xirgu desaparecerá para ceder su espacio a la nueva biblioteca • Desde 1995 hasta hoy, la sala ha acogido decenas de espectáculos y actividades muy variadas, desde los bailes de la gente mayor hasta mítines políticos, conciertos de rock y teatro infantil y juvenil
La desaparición de la Sala Margarida Xirgu coincide con la puesta en marcha del nuevo Teatro Plaza. No es una casualidad, ya que el Ayuntamiento no quiso interrumpir en exceso la programación estable de teatro de la ciudad. Una programación que, a causa del enorme salto adelante en confort y capacidad escénica que proporciona el nuevo teatro, ha tomado un nuevo vuelo, y ha despertado un gran interés entre la afición. Resulta lejano el año 1995, cuando la popular polideportiva vieja fue acondicionada como teatro y rebautizada con el nombre de la histórica dama del teatro del siglo XX.
   Desde entonces hasta hoy, la sala acogió decenas de espectáculos y actividades muy variadas, desde los bailes de la gente mayor hasta el concurso de scrabble, mítines políticos, conciertos de rock y encuentros de teatro infantil y juvenil. Entre los espectáculos representados en la sala Margarida Xirgu más recordados destacan los de la compañía Animalario, Pepe Rubianes, Adolfo Marsillach, Núria Espert, Lluís Pasqual o Juan Echanove.





Núria, en Sevilla 1964


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Nuria Espert                                         La Celestina


Hasta anoche no habíamos visto ningún montaje del director canadiense Robert Lepage, uno de los emblemas mundiales de la tan traída y llevada «creación multidisciplinar» y, aunque éste es un término que ya empieza a ponernos los pelos de punta cada vez que lo oímos, no por su significado teórico, claro está, sino por lo que suele resultar en la práctica, nos habían hablado tan bien de él que allá que nos fuimos al Teatro Español con la mejor disposición para ver su «Celestina», esperando disfrutar de uno de los espectáculos estrella del Festival de Otoño.


De la «Tragicomedia de Calixto y Melibea», atribuida a Fernando de Rojas, poco puede decirse a estas alturas que no se haya dicho ya: este prodigio de heterodoxia formal y temática es la cristalización del corazón renacentista que ya estaba latente en «El libro de Buen Amor», del Arcipreste de Hita, la primera novela europea del siglo XV y uno de los «pesos pesados» de la literatura en lengua castellana de todos los tiempos que no merece en modo alguno la falta de consideración con la que la ha abordado Lepage. Sin duda, hay muchas formas de destrozar un texto, aparte ya de la de ponerlo en boca de malos actores: se le puede mutilar vilmente, se le pueden endilgar espantosos añadidos, se le puede manipular, desvirtuar, tergiversar...
Lepage no incurre en esta galería de errores y de horrores que acabamos de enumerar, pero casi que habríamos preferido que lo hubiera hecho porque, al menos, eso habría denotado algún tipo de interés por su parte hacia el texto de «La Celestina» y no ese flagrante desprecio que demuestra hacia él utilizándolo como excusa para desplegar su megalomanía escenográfica y con el que, por otra parte, no hace sino tirar piedras contra su propio tejado: ¿en qué quedamos? ¿somos o no somos multidisciplinares, en el sentido profundo, y no demagógico, del término? Porque si lo somos, no podemos saltarnos alegremente la «disciplina» textual: ¿que en verdad lo único que te interesa es la expresión escenográfica? pues prescinde del texto, estás en tu derecho, pero entonces no te definas como «multidisciplinar», sino como «unidisciplinar» y todos contentos. O no, pero al menos no llevas a nadie a engaño.


Siempre es mal asunto -de los peores- que una obra esté al servicio de la escenografía, y no al revés, pero el que una obra tan maravillosa como «La Celestina» se vea reducida a la condición de vasalla de la misma es un absurdo de tal calibre que hasta consigue dejarnos más perplejos que indignados: ¿Cuál es el sentido del espectacular cilindro de madera, articulado y rotatorio, y de los paneles corredizos que se utilizan para crear los distintos espacios y las distintas escenas? ¿Cuál el de los resortes de las camas que se disparan en vertical, el andar por el techo de Melibea, sus apariciones y vuelos «Deus ex machina» por el aire y demás alardes efectistas si resulta que no sólo no están al servicio, como diría el bolero, del alma, del corazón y de la vida de la vieja alcahueta y del ardor de los jóvenes amantes, sino que encima los tiranizan con su férrea dictadura? Con semejante despropósito como punto de partida, los actores tienen muy poco margen para intentar remediar lo que ya les viene estropeado de antemano y, en ese sentido, hay que decir que Nuria Espert, en el papel de Celestina; Carmen del Valle, en el de Melibea, y Nuria García, en el de Areusa, salen airosas de tamaño aprieto, y que en cambio David Selvas, como Calixto, y Nuria Moreno, como Elicia, parecen empeñados en recalcar ese darle las espaldas al texto de «La Celestina» que caracteriza, desde principio a fin, el montaje de Lepage.

 La Dama de las Camelias. Adaptación de Terenci Moix para TVE en 1978, de la obra de Alejandro Dumas, y de la "Traviata" de Verdi. Narra la vida de Margarita Gautier, interpretada por Nuria Espert, famosa cortesana que, arrastrada por una pasión sana y profunda fuera de su equívoco mundo, siente la necesidad de aislarse con su amor, Armond Duval. Pero las conveniencias sociales le impiden continuar su relación.
Realización: Antonio Chic
Adaptación: Terenci Moix
Intérpretes: Nuria Espert, Rosa Mª Sardá, Enric Majó.
Emisión: 22 de noviembre a las 21:00 horas

LA VIDA SEGÚN... Nuria Espert. Entrevista a la actriz y directora de teatro Nuria Espert en la que habla de su infancia, de la relación con sus padres, de su matrimonio con Armando, de sus hijas y de su nieta. También recuerda su vida profesional como actriz y como directora de teatro y ópera en España y en el extranjero. Ha dirigido, entre otras, las siguientes obras "Yerma, "La Casa de Bernarda Alba", "Maquillaje", y ha interpretado "Contradanza", "Otra Fedra, si gustáis", "La Tirana", "La Dama de las camelias"; "Yerma", "Las Criadas"......
"Memòries de la tele" recorda el dramàtic "La dama de les Camèlies" amb Núria Espert, Antoni Chic i Enric Majó.
Aquesta setmana "Memòries de la tele" recorda "La dama de les Camèlies", un dels dramàtics més romàntics de la història de Televisió Espanyola Catalunya. Amb un repartiment de luxe: Núria Espert, Enric Majó i Rosa M. Sardà, entre d¿altres. Terenci Moix va adaptar la famosa obra literària d¿Alexandre Dumas (fill), que el compositor Verdi havia portat a l¿òpera amb el títol de "La Traviata".
Antoni Chic va dirigir aquesta peça que retrata l¿amor impossible entre una prostituta de luxe de París i un noi de família noble.
Era ya Terenci Moix cuando irrumpió en la literatura catalana en 1968 con La torre dels vicis capitals. Al año siguiente, ganó el Premio Pla con Onades sobre una roca deserta, y en ese mismo, 1969, llegó la revolución con El dia que va morir Marilyn, la novela de una generación, traducida al castellano en 1984, renovadora del panorama literario catalán, que rompió con los tópicos de la Barcelona de la posguerra. Y vinieron otras obras como Món mascle (Mundo macho), de 1971.
Luego, un largo silencio narrativo. Moix había roto su relación sentimental con Enric Majó y sufrió una profunda depresión. Volvió en 1983 con Nuestra Virgen de los Mártires y ¡Amami Alfredo!, y tres años después, el Premio Planeta con No digas que fue un sueño, más de un millón de ejemplares. Su último libro, El arpista ciego, ganó el 13 de marzo pasado el Premio Fundación José Manuel Lara Hernández a la mejor novela publicada en 2002.
Terenci transitó la televisión, la traducción, el teatro, los artículos; tenía una colección monumental de películas y material cinematográfico y se chifló por los ordenadores (tenía ocho en su casa), en los que coloreaba y manipulaba sus queridas fotografías de estrellas. Pero, sobre todo, será recordado como un escritor enormemente popular, el mejor amigo y el hombre bueno y generoso que fue.