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15 de noviembre de 2010

El Club de los Poetas Muertos 1989 ): Oh, capitán, mi capitán



MI VIDA Y MI HISTORIA.

BUENÍSIMA PELÍCULA.
 En El club de los poetas muertos, se ponen en cuestión todos los rituales tradicionales de las aulas. Bandas, ritos, campos deportivos, sombreros al aire, becas de fin de curso, orlas, actos académicos formales estilo norteamericano, van entrado en una sociedad escolar o universitaria como la nuestra, en la que habíamos eliminado los ritos de la escuela franquista. La ritualización en que se mueve el mundo de la educación reproduce una continuidad entre una generación y otra. Constituye uno de los canales mediante el cual se realiza la transmisión cultural; puede ser enriquecedor en la medida en que cada acto ritual introduzca características novedosas, de lo contrario los rituales son formas estereotipadas, mecánicas, desvitalizadas y empobrecedoras con relación a los miembros que participan de dicho ritual. Nuestra sociedad está plagada igualmente de conductas cliché.
Estamos plagados de estereotipos rituales. El ritual de la primera clase, el ritual de la clase magistral, el ritual del trabajo práctico, el viaje de estudios, el programa en cuanto a qué debe aprenderse primero y qué debe aprenderse después, los exámenes, el ritual de los trabajos monográficos, las tesis de doctorado, son algunos ejemplos de las múltiples formas que asume la enseñanza ritual. Podríamos hacer la crítica responsable en sus dos fases: socialización humanizante y socialización alienante. Lamentablemente, por lo general se instituyen como formas vacías de relación entre profesores y alumnos, de allí el carácter estereotipado que tiene la enseñanza.
En El club de los poetas muertos el profesor ayuda a los alumnos a descubrir sus propios caminos, rompiendo con algunas pautas de la escuela tradicional. Es una de las pocas películas en las que la relación entre profesores y alumnos se convierte en una búsqueda común.
Enseñar a los alumnos a pensar y a ejercer la reflexión crítica es una meta que frecuentemente mencionamos como inherente a la función docente. Sin embargo muchas veces esto no pasa de ser una enunciación de buenos propósitos.
Repetidores en lugar de seres pensantes, receptores en lugar de evaluadores es el producto lógico de las formas en las que enseñamos, que reflejan aquellas según las cuales hemos aprendido. Por lo tanto cuando se habla de la necesidad de esclarecer y tomar conciencia del modo en que nos insertamos en ese trama represiva de relaciones se debe pensar en la posibilidad de ejercer la creatividad como único antídoto contra la repetición.




VERLAINE Y RIMBAUD,  REBELDES POETAS MUERTOS

Verlaine, adicto al alcohol y las drogas, moriría en 1896 en París. Tenía 52 años y, a pesar de la creciente valoración de su obra, estaba en la miseria, sobreviviendo gracias a una pensión del Estado.

 

Rimbaud, por su parte, dejó la escritura y su vida de enfant terrible (que a tantos escritores y cantantes inspiró posteriormente), y se dedicó a viajar, acabando como traficante de armas y comerciante de marfil en Etiopía. Murió a los 37 años de edad víctima de un cáncer.


Michael Corby, así se llama el millonario admirador de la vida y la obra de Rimbaud (más que la de Verlaine) que ha puesto el dinero necesario para salvar el edificio. ¿Qué va hacer con él? Su intención es habilitar un pequeño museo y un centro de poesía en honor a la pareja.
La casa de estilo georgiano, sita en el número 8 de la Royal College Street, en pleno barrio de Camden, se convertirá así en otro lugar de peregrinaje más en la ciudad del Támesis.

Los dos poetas vivieron en Londres después de escapar de París, donde su relación causó un gran escándalo. Verlaine, que estaba casado y tenía un hijo, dejó a su familia y huyó con el joven Rimbaud, de sólo 17 años. En la casa de Royal College Street vivieron una apasionada y tempestuosa relación, además de escribir gran parte de sus mejores versos. Durante ese periodo, poco más de un año, la pareja llevó una vida bohemia, de café en café, embriagados de ajenjo y hachís

Pero un día del mes de julio de 1873 todo cambió. Días después de una fuerte discusión, Verlaine siguió a Rimbaud hasta la estación de Bruselas. Allí, borracho y en pleno ataque celos, intentó asesinarle disparando un arma. Sólo le hirió en la muñeca, pero fue arrestado y condenado a dos años de prisión por intento de asesinato. No se volvieron a ver hasta 1875, en Alemania. Para entonces Verlaine ya se había convertido al catolicismo y Rimbaud había dejado la poesía en busca de otros intereses.

1 comentario:

SERGI dijo...

No sabía esta historia, la película es genial!!!