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14 de octubre de 2010

Eufórico salió Mario Sepúlveda, el segundo minero rescatado en Chile






Me alegro y mucho que ya todos los mineros esten arriba...
Un abrazo a todos y a todas las personas y familiares, medios de comunicación y todo el apoyo que hayan recibido y que han ayudado a ese rescate de esas personas.
Un Gran Abrazo.


Buena parte de los 33 mineros rescatados de la mina San José han regresado este domingo a la boca de la mina, al lugar donde se instaló el campamento Esperanza. Querían conocer, querían ver con sus propios ojos ese lugar en el que sus familiares pasaron días de angustia y noches de vigilia, primero con la terrible incertidumbre de si estarían vivos, y luego con la ansiedad por el rescate.

Había emoción en sus rostros, había lágrimas en sus ojos, había cansancio y felicidad en sus miradas. Se abrazaban, recorrían las tiendas de campaña, las carpas; leían los carteles, los lemas, los mensajes de ánimo. No les resultaba fácil moverse. Una vez más el acoso al que les sometían los medios de comunicación, al que les sometíamos los periodistas, era agobiante.

El acoso a los mineros ha sido abrumador desde que volvieron a la superficie. Hasta tal punto que los propios mineros han tenido que pedir a los medios que dejen, al menos, de buscar el enfoque sensacionalista, de espectáculo, con el que algunos, sobre todos cadenas de televisión, han estado relatando lo que ocurría tras el rescate, hurgando en heridas de relaciones personales y disputas familiares de algunos de los mineros. Verdaderamente escandaloso, vomitivo, de asco. Un peldaño más en la escalera de bazofia y miserias humanas con que nos deleitan algunas cadenas.

La vuelta a la boca de la mina ha sido, para algunos de los mineros, como una catarsis, como cerrar el círculo de lo que supuso estar atrapados bajo tierra para intentar iniciar, a partir de ahora, una vuelta a la normalidad. Una normalidad que no podrán tener de momento sus compañeros de mina, aquellos que no tuvieron la mala suerte de quedarse encerrados aquel 5 de agosto y por eso ahora tienen la mala suerte de que nadie se ocupa de ellos. Como una prueba más del despropósito en que se está convirtiendo lo ocurrido, a los compañeros de los 33 no los dejaron ni siquiera entrar a la misa organizada en el campamento Esperanza. Pero allí estaban ellos, para hacerse notar, para dejarse oír.

“No somos 33, somos 300”, rezaba uno de los carteles que enarbolaban. “Piñera, para el show”, decía otro. “Y a nosotros, ¿quién nos saca del hoyo?”, podía leerse también. Hacen referencia a la situación en la que han quedado, despedidos de la compañía San Esteban, la propietaria de la mina San José, sin recibir un finiquito o liquidación, sin que nadie les ofrezca nada, sin que el gobierno se acuerde de ellos. El presidente Piñera no está interesado en abrazarse con ellos. Y tampoco en que se conozca su protesta: ahí no había señal oficial de televisión, como la había en el rescate, para mayor gloria de Piñera, convertido en absoluto protagonista omnipresente.

Menos mal que algunos de los 33 se acercaron a abrazarse con sus compañeros, a solidarizarse con ellos y a pedir que se les tenga en cuenta. Pero la realidad es que el show ha decaído. Ni a los medios de comunicación ni al gobierno, empezando por Piñera, les interesa lo que ocurra con ellos. Su caso no da más audiencia en televisión ni aporta rédito político al Presidente. Son los otros mineros de Chile, abandonados a su suerte.



fran.sevilla@yahoo.es



















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