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13 d’octubre de 2010

CARMEN AMAYA, Los orígenes



FUENTE DE CARMEN AMAYA








CARMEN AMAYA, INAUGURÓ LA FUENTE EN 1959, en 
la Barceloneta y la pagaron con donativos de amigos y vecinos de la Barceloneta...











LOS ORÍGENES DE LA GRAN CARMEN AMAYA...





Nacida en las barracas de Somorrostro...hoy Vila Olímpica...




Nació en una barraca del Somorrostro. Su padre fue Francisco Amaya "el Chino", un guitarrista pobre que se ganaba la vida tocando por las tabernas de su pueblo de noche y de día. Cuando tenía tan solo cuatro años y era una gitanilla “escuchimizada y negruzca”, Carmen empezó a salir con su padre por las noches a buscarse las habichuelas. El hombre tocaba la guitarra mientras la pequeña Carmen cantaba y bailaba. Después, se dedicaban a pasar la mano, o a recoger las monedas que el público les había arrojado al suelo. Al mismo tiempo, comenzó a aparecer en algunos teatros que carecían de prestigio alguno. José Sampere, un avispado empresario de variedades, fue el primero que se interesó por ella y la llevó a una sala de cierta categoría, el teatro Español de Barcelona. Pero el gran inconveniente era que su corta edad no le permitía trabajar legalmente, y ello forzaba a una constante tensión. Su nombre apareció por primera vez en letra impresa por los tiempos de la Exposición Internacional de Barcelona, en 1929, gracias a Sebastián Gash, un crítico sagaz que la vio y habló de ella en el semanario Mirador: "Imagínense ustedes a una gitanilla de unos catorce años de edad sentada en una silla sobre el tablado. Carmencita permanece impasible y estatuaria, altiva y noble, con indecible nobleza racial, hermética, ausente, inatenta a todo cuanto sucede a su alrededor, solita con su inspiración, en una actitud tremendamente hierática, para permitir que el alma se eleve hacia regiones inaccesibles. De pronto, un brinco. Y la gitanilla baila. Lo indescriptible. Alma. Alma pura. El sentimiento hecho carne. Movimientos de un descoyuntamiento en ángulo recto que alcanza la geometría viva".

También por aquella época la vio bailar Vicente Escudero, quien aseguró que Carmen Amaya haría una revolución en el baile flamenco, porque era la síntesis de dos grandes estilos: el de la bailaora antigua; y el estilo trepidante del bailaor en sus variaciones de pies. En el año 1935 fue contratada por el empresario Carcellé, que la presentó en el Coliseum de Madrid. Ésta fue seguramente la auténtica consagración de Carmen a nivel nacional. También el mundo del cine se fijó en ella. Interpretó un pequeño papel en “La hija de Juan Simón”. Posteriormente, trabajó en María de la O, junto a Pastora Imperio.
Cuando se produjeron los acontecimientos del 18 de julio de 1936, Carmen y los suyos se encontraban en el Teatro Zorrilla de Valladolid, trabajando en la compañía de Carcellé. Por esos momentos las cosas ya les iban bien económicamente, y habían comprado su primer coche. Tenían que ir a Lisboa para cumplir un contrato, pero el coche les fue requisado y hasta noviembre no pudieron pasar a Portugal. Tras algunos contratiempos consiguieron finalmente embarcar hacia América en un buque que tardó quince días en cruzar el Atlántico. Llegaron a Buenos Aires, y el triunfo de Carmen Amaya y los suyos superó todas las expectativas. Fueron para quedarse solo cuatro semanas y acabaron viviendo allí durante nueve meses, ya que cada vez que Carmen actuaba el teatro se llenaba y las entradas llegaron incluso a venderse con dos meses de antelación. Buena muestra de la enorme popularidad que la artista consiguió en este país sudamericano, es la construcción del teatro que lleva su nombre: el Teatro Amaya.
En América Carmen Amaya conoció a muchas de las personas más influyentes de su tiempo. Estuvo varias veces en Hollywood, para rodar algunas películas y las personalidades más destacadas del cine, la música o la cultura quisieron verla bailar. El músico Toscanini fue un día a verla, y declaró que nunca antes había visto a una artista con más ritmo y más fuego que ella. Improvisaba continuamente. Su compás era de acero y poseía un sentido prodigioso del ritmo, con un tempo increíblemente riguroso, que deleitaba por su perfecta exactitud en un torbellino de movimientos. Nunca nadie ha dado las vueltas como ella, con tanta rapidez como perfección. En América conoció también a Roosevelt, el presidente de los Estados Unidos, y en Europa, llegó a tratar incluso con la Reina de Inglaterra.


Lecturas 29-11-1963 (muerte Carmen Amaya) 

"La gran Carmen Amaya, su arte la llevó a Hollywood, nació en el Somorrostro de Barcelona y fue una figura mundial única en su género, Barcelona 1952".